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«No pensé en este trabajo como profesión, pero ya llevamos 25 años tallando a mano la piedra»

Nunca pensó en convertir en profesión una afición, pero las circunstancias de la vida hicieron que al final lo que más le gustaba hacer, le permitiera vivir de ello. Teresa Pueyo, artesana de la piedra, lleva 25 años dedicada a plasmar en este material los encargos tanto de particulares como de administraciones públicas, creando siempre piezas únicas, que se pueden ver no sólo en las comarcas de la Jacetania y el Alto Gállego, sino en otras comunidades españolas.

Teresa en su taller de Torrijos

Un trabajo que no resulta fácil, por el material utilizado, y que no es habitual que realicen las mujeres. Por ello, con motivo de estos 25 de profesión y de la celebración de la Semana de la Mujer Trabajadora,  se ha organizado una exposición, ‘A vueltas con las piedras’ que recoge toda la trayectoria de Teresa, y sus obras más destacadas, mostrando una evolución que demuestra la profesionalidad y la seguridad con la que trabaja la piedra tallada a mano junto a su marido Jesús Andrés Secanillas en el taller situado en el kilómetro 649 de la N-330, lo que antes se conocía como cantera de Torrijos. Esta muestra, que incluye fotografías y piezas realizadas por Teresa, se puede visitar en la sala municipal de Arte de Sabiñánigo, hasta el 17 de marzo.

Maqueta de la escultura en homenaje de los afectados por la riada de Biescas

Teresa Pueyo siempre ha sido muy curiosa con los materiales y le han gustado mucho los trabajos manuales, por eso cuando vio el anuncio del taller de cantería de la escuela taller de Sabiñánigo, no se lo pensó. Además su padre era escultor «y de alguna manera tenía ganas y me gustaba». Por aquel entonces, no lo veía como una profesión «pero me despertaba mucha curiosidad, porque había probado muchos materiales, pero la piedra no», recuerda. Y luego, «las circunstancias fueron haciendo que se convirtiera en profesión, casi de casualidad». El cantero que estaba en Torrijos se jubilaba y a la escuela taller de Teresa llegó la oferta para ver si algún alumno quería hacerse cargo de ésta. «Empezó a haber tentaciones, pero también la inseguridad que da meterte en una profesión que no tenía pensada». Pero «empezamos y ya llevamos 25 años».

En un primer momento comenzó sola, porque era un trabajo muy inseguro y para mantener el taller abierto legalmente tenía que haber otros ingresos, para hacer frente a unos gastos «que sólo con el taller no se podían mantener». Así que su marido tenía otro trabajo. Pero poco a poco, cuando tuvo más volumen de trabajo y seguridad, Jesús se pudo incorporar «y seguimos los dos».

Crucero en homenaje a los peregrinos de Castiello de Jaca

A su marido no le costó hacerse a su nueva ocupación, «ya que es muy habilidoso y de profesión era ajustador de mecánica general, y lo que hizo fue traspasar a la piedra lo que hacía, pero cambiando el volumen». Generalmente, talla la piedra Teresa, «aunque lo que ha hecho Jesús también está muy bien». No obstante, muchas veces «se tiene que sacrificar porque las cosas de fuerza física o de manejo de herramienta más pesada la hace él, a mi me toca la parte bonita», asegura. Y es que este trabajo «es duro y pesado físicamente, intelectualmente no me resulta difícil, porque si interiorizo una forma puedo saber qué es lo que sobra del bloque de piedra para dejar al descubierto lo que interesa». «Eso no me ha costado nunca, ni desde pequeña, ya que he jugado mucho con materiales modelables y a mi madre le quitaba las piezas de jabón que hacía para tallarlas con una navaja», recuerda.

Este trabajo, en mujeres, es minoritario. De hecho, Teresa nunca ha conocido a otra mujer que se dedicara a tallar la piedra. «No digo que no haya ninguna, hubo un tiempo que oí hablar de dos en distintos lugares, pero nunca llegué a conocerlas personalmente porque vivían en sitios lejanos». En Aragón, sí que podría ser la única artesana de la piedra.

Maqueta de la escultura en reconocimiento al trabajo pedagógico de los Escolapios

En estos 25 años de profesión ha realizado multitud de trabajos. «Al principio eran más sencillos» pero poco a poco fue cogiendo mucha seguridad y a base de pedir consejo a otros expertos, y de la experiencia «nos fuimos aventurándonos en cosas más difíciles». Gracias a internet conocen su trabajo fuera de la Jacetania y del Alto Gállego, y han enviado cosas a León, Madrid, Barcelona, Ponferrada, Soria o Andalucía. Realizan muchos trabajos particulares, como hogares, portaladas, escudos, piezas con el nombre de las casas, etc. Que destaquen, «porque están en la calle y son más grandes», apunta los monumentos y esculturas que se pueden ver en las maquetas expuestas en la exposición de Sabiñánigo. La escultura-crucero en homenaje a los peregrinos de Castiello de Jaca (con piedra lajosa de Alastuey), la escultura en reconocimiento al trabajo pedagógico de los escolapios de Jaca (con piedra calcarenita de Fiscal), o el conjunto escultórico en recuerdo-homenaje a los afectados por la riada de Biescas (con piedra calcarenita de Fiscal).

El más costoso para ella, quizá también por la inexperiencia de entonces, fue el primer trabajo que les encargó el ayuntamiento de Sabiñánigo, el pedestal de granito de la plaza de la Constitución. «Era un proyecto de Javier Sauras, él hizo la cabeza de bronce y el pedestal lo proyectó en granito, y el entonces alcalde, Antonio Calvo quiso que fuera de granito local», explica Teresa. «De todas las piedras con las que he trabajado, ninguna ha sido tan dura y tan difícil de trabajar como esa, fue todo un reto», concluye.

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