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El ‘guardián de Oroel’ y su reto de 3.333 subidas a la cruz

MONTAÑA

Raúl Concheso, o Juanito Porrón, llegó al valle del Aragón hace cinco años para hacer la Canfranc-Canfranc y se quedó a vivir en Jaca. Es un enamorado de la peña Oroel y además del reto de las 3.333 subidas, en junio hizo 24 horas seguidas subiendo y bajando a la cruz.

Raúl Concheso, más conocido en Jaca como ‘Juanito Porrón’ o el ‘guardián de Oroel’ se ha marcado un reto: subir a la icónica peña Oroel 3.333 veces. Y ya lleva 777. Él no es jaqués, es natural de Madrid, pero la peña Oroel le tiene enamorado. Por eso, no es difícil verle subiendo o bajando de la cruz, a donde asciende prácticamente todos los días, y hay ocasiones que más de una vez. De hecho, el pasado día 21 de junio estuvo 24 horas subiendo y bajando: comenzó su reto a las 6.00, hasta la misma hora del martes, y realizó 12 subidas y bajadas, lo que supuso un total de 95 kilómetros y 7.000 metros de desnivel positivo.

El por qué del reto

Hasta ahora que se sepa, nadie había realizado esta osadía. Ni tampoco nadie se ha planteado subir 3.333 veces hasta la cruz. Pero y ¿por qué ha decidido hacer 3.333 veces la subida a Oroel? “Mi número favorito es el 3, y subir 33 veces me parecían pocas, 333 también, así que le sumé un tres más”, recuerda. Además “es curioso” que Oroel tiene 33 curvas, lo que también le ha motivado, y justo desde el parador hasta la cruz tarda 33 minutos.

Raúl es de Madrid, llegó al valle del Aragón hace unos 5 años para entrenarse durante un mes y hacer la Canfranc-Canfranc y se quedó. “Teníamos previsto venir a vivir aquí, porque Madrid nos cansaba, así que la carrera fue la excusa perfecta”, señala. Hasta ese momento corría triatlones y se propuso probar una carrera de montaña. Y que mejor que empezar con la Ultra Trail de Canfranc de 100 kilómetros, que por supuesto, finalizó. Y como estando en Jaca subía muchas veces corriendo a Oroel, decidió realizar este particular reto, “que ahora tengo que terminar porque me he tatuado en el brazo una peña Oroel diseñada por mi pareja junto al número 3.333”.

Puede subir hasta 5 veces en un día y lo primero que hace cuando se levanta es tomarse el café y subir a la cruz. Y si nieva o llueve, mejor, “porque si siempre hace sol ya me aburre”. Por eso, tras Filomena lo disfrutó al máximo porque la nieve le llegaba hasta la cintura. “Cuando nieva ya estoy tenso por la noche porque al día siguiente tengo que subir”, indica.

Le ha cogido mucho cariño a Oroel, ya que para él es importante por cuestiones personales. Y recuerda con especial cariño dos subidas que nunca olvidará. Una este año con su padre, de 82 años. “Fue la más increíble”, recuerda. Y otra con la sobrina de su pareja, de 9 años, en febrero del año pasado. “Subimos por la mañana y ese mismo día, sobre las 23.00 le comenté que si en ese momento estuviéramos en Oroel disfrutaríamos de un gran espectáculo viendo las estrellas. Y dicho y hecho, volvimos a subir”.

Sin entrenamiento específico

Ni para las 24 horas que estuvo subiendo y bajando, ni para otras pruebas se prepara específicamente. “No tengo un plan de entrenamiento y nunca me preparo para nada, pero estoy todo el día en el monte y haciendo actividad, y como mi cabeza puede más que mi cuerpo sé que lo hago”, asegura. En septiembre hará una medio Ironman con un amigo, “otro reto que haré sin prepararme y lo acabaré seguro”. Participa en carreras largas de 120 kilómetros, o en la Canfranc-Canfranc de 100 km -la que le llevó a establecer su residencia en Jaca-, o la Trail Valle de Tena. También hizo el Camino de Santiago “corriendo en 14 días y solo”.

Y quiere realizar la Senda de Camille, una travesía circular de 120 kilómetros en el Parque Natural de los Valles Occidentales y Parque Nacional de los Pirineos (Francia), que se suele realizar por etapas, del tirón, “saliendo por la noche y regresando por la noche”. Por el momento “todo lo que he empezado lo he terminado”.

Tiene 51 años, “me siento bien y cuando ya no pueda hacer estas cosas me tengo que sentir muy satisfecho de que he corrido todo lo que tenía que correr”, concluye.

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