A Redolada: apicultura tradicional en el Valle de la Guarguera y sensibilización medioambiental

Foto: Laura Toledano

Azpe García es bióloga y se dedica a la apicultura y a la educación medio ambiental. Ha vivido toda su vida en Artosilla, un pequeño pueblo de la Guarguera, excepto los años que se ha ido fuera para estudiar. La apicultura es un mundo que la fascinó por lo que implica el trabajo y por el papel primordial de estos insectos en la producción de la alimentación y en la biodiversidad. Gracias a esta tradición milenaria obtiene unos productos excelentes: miel, polen y el propóleo. En el sector de la apicultura, Azpe García encontró una salida en el año 2012, cuando debido a la crisis le fue imposible encontrar trabajo. Fue para ella una oportunidad de emprendimiento accesible para la que además se conceden ayudas a los jóvenes productores. 

Foto: Laura Toledano

“En 2012 volví a casa tras estudiar biología en Madrid y un máster en Vigo. Dentro del contexto de la crisis generalizada, dándole vueltas a la cabeza acabé metiéndome en el mundo de la apicultura”, explica Azpe García. Participó en cursos de formación y en 2013 tuvo sus tres primeras colmenas. Le gustó mucho este mundo y decidió tomar ese camino. Trabaja como autónoma bajo el nombre A Redolada, que significa ‘los alrededores’ en aragonés.
En 2015 se incorporó como joven ganadera con una ayuda y aumento muchísimo el numero de colmenas. “Viví dos años muy intensos hasta que logré montar toda la explotación. Ahora mismo tengo 150 colmenas repartidas en el valle de la Guarguera, valle de Nocito y la intención es llegar a certificarlas como explotación ecológica”, apunta.
La idea es producir y vender miel, polen y propóleo. “Tras dos años muy secos en los que no hemos tenido casi producción, este año hemos empezado vender algo”, asegura. García añade que el camino hasta aquí ha sido más laborioso de lo que se imaginaba: “dependes mucho del clima que haga, un mal año como el año pasado sin lluvia, el monte esta seco, no hay flores y en consecuencia no hay miel. Esto nosotros no lo podemos controlar. En ese sentido somos más agricultores que ganaderos ya que no podemos darles pienso a las abejas para que fabriquen miel”.

Foto: Laura Toledano

Ser apicultor es una ocupación apasionante y variada

En primer lugar un apicultor tiene que saber buscar un buen sitio para sus colmenas. “Mi idea es poner colmenares pequeñas, no mas de 30, y separarlas para cubrir más territorio”. El sitio ideal tiene que tener variedad silvestre con periodo largo de floración, agua cerca, orientación hacia el sur y que no esté demasiado expuesto a los vientos.
El trabajo del apicultor varía mucho según la temporada. En primavera es el momento de mas ebullición y más trabajo. En otoño también, cuando se hace la cosecha de la miel, el tratamiento sanitario y se preparan las colmenas para el invierno. En invierno trabajo de campo casi no hay, las abejas hibernan pero sí se aprovecha para el trabajo de taller.
“Para ser apicultor te tienen que gustar la abejas, te tiene que gustar estar en el campo. Para mi es muy agradecido, disfruto mucho. No es nada monótono, no haces todos los días lo mismo”, subraya Azpe.
Un buen apicultor tiene también que reconocer los días buenos y malos para trabajar en las colmenas. “Cuando abrimos una y notamos las abejas agresivas, porque va haber tormenta al día siguiente por ejemplo, ese día ya no trabajamos porque se pierde el tiempo, te pican y al final no harás un buen trabajo. Y normalmente cuando te pican es un error tuyo”, confiesa.

Sensibilización y concienciación medioambiental

Las abejas son una especie protegida. La apicultura es una profesión fuertemente ligada a la sostenibilidad, porque estos insectos tienen una labor polinizadora muy importante en el caso de los arboles frutales, las hortalizas, u otras plantas comestibles. Proporciona las satisfacciones de un trabajo manual y al aire libre, pero también las preocupaciones de quien depende del clima, la protección de la biodiversidad y la salud de los insectos.
“Acompañada a esta parte mas productiva de mi proyecto siempre ha ido la parte que implica la educación ambiental. Hago talleres en colegios u otros colectivos para hablar del mundo de las abejas, tengo una colmena de observación con las paredes de cristal, he colaborado con la Cueva de las Guixas de Villanúa o con las escuelas de Senegüe y Santa Cilia”.
Desde hace unos años García colabora con el Ayuntamiento de Caldearenas y realiza durante el mes de agosto un ciclo de actividades llamado ‘Conoce tu entorno’, con el objetivo de que la gente que vive en los pueblos conozca el medio, aprenda a comprenderlo y a valorarlo de otra manera. Este proyecto cuenta con una subvención de la Diputación Provincial de Huesca, que dedica unos fondos específicos para hacer talleres educación y sensibilización ambiental.
Azpe García es también fundadora de la Asociación de Apicultores del Alto Aragón llamada Bresca, con la que ha realizado cursos, charlas y actividades para niños.