Siete mujeres pioneras en la gastronomía del Pirineo reciben el delantal de cocineras ilustres en un emotivo homenaje

La evolución de la gastronomía ha sido un factor muy importante para el desarrollo de los valles pirenaicos, y en este sector, las mujeres tuvieron un papel fundamental. Fueron emprendedoras, trabajadoras, madres y esposas, y aún con todo sacaron adelante un negocio, en algunas ocasiones sin saber nada de cocina. Por todo ello, y para poner en valor «lo que tenemos en el territorio», la Asociación Alojamientos con Carácter de Aragón (ACC) ha promovido un homenaje a siete mujeres pioneras en la gastronomía de estos valles. Se celebró este martes, en el Castillo de Dibujo Julio Gavín-Castillo de Larrés.
Las homenajeadas con sus establecimientos asociados a ACC-Hotel Promotion, han sido Marta Alcacera del Hotel Aguas de los Mallos en Murillo de Gállego, Pilar Lacasa del Mesón de Castiello de Jaca y Mari Carmen Casbas del restaurante Casbas de Senegüé. Además también se ha querido poner en valor el trabajo y esfuerzo de otras cuatro mujeres de Tramacastilla de Tena, localidad donde ACC tiene su sede: Charo de Casa Blasco, Pilar de Casa Mariana, Milagro de Casa Lavedan y Josefina de Casa Patro. Estas siete pioneras contaron sus experiencias, en un emotivo acto al que asistieron sus familias, además de autoridades como la alcaldesa de Sabiñánigo Berta Fernández, la presidenta de la comarca Alto Gállego Lourdes Arruebo y la directora provincial del Instituto Aragonés de la Mujer, Elena Pérez.
Pilar de Casa Mariana, reconoció a sus 94 años, tener cariño a la hostelería, pero «estoy encantada de la vida de haberme podido liberar y vivir como ahora, después de traspasar el trabajo a mi nuera». Milagros explicó que fue muy difícil, «hubo que arriesgar todo, tuve muchas preocupaciones, muchas horas de no dormir por saber si iba a funcionar o no».
Marta Alcacera era enfermera, dejó su profesión por amor y se incorporó a la empresa familiar. «Mi suegra llevaba la batuta en el negocio y fue fácil en ese sentido, pero también ha habido momentos duros». Para Pilar Lacasa los comienzos también fueron duros. «Mi suegra era una gran cocinera y iba por las casas haciendo bodas». Un día les dijo que podían poner algo en casa, «que era muy grande y estaba al lado de la carretera». Por aquel entonces ya subía gente a esquiar a Candanchú «y entraban a almorzar y se calentaban la comida en la estufa de serrín que teníamos en el bar». Después hicieron el hotel «porque mucha gente nos lo pedía». Así que ahorraron y con «9.000 pesetas hicimos el proyecto, además de sacar un préstamo», aseguró. «Nos ha ido muy bien, pero a los 55 años me quedé viuda con 4 hijos que siguen en el negocio». Pilar bromeó diciendo que es «cocinera sin título».
Charo es la promotora de las migas de Tramacastilla. «Cuando llegué estaba mi marido y cuñados, y poco a poco fuimos ampliando». Mari Carmen Casbas también destaco los «inicios duros», ya que estaban acostumbrados a un bar y una tienda. «Y empezamos a dar de comer sin saber, fue muy complicado». Recordó que abrieron para el puente de la Constitución «y fue tremendo, estuvimos desbordados, no dábamos a basto. Yo no quería restaurante porque mis hijas eran muy pequeñas, pero mi padre y mi marido se empeñaron y aquello fue tremendo». Tanto trabajo supuso, como al resto de mujeres homenajeadas, no poder prestar demasiado tiempo a sus hijas. Y es que todas han sido «madres, empresarias y trabajadoras». «El tesón y la ilusión nos ha llevado adelante», añadió.
Josefina es famosa por sus tortillas de espárragos, pero reconoció que no sabía hacerlas «no tenía ni idea». Ella comenzó sin saber nada, «yo no quería restaurante, ni había hecho nunca una tortilla de espárragos, tenía que llamar a mi hermana para que me orientara».
Anabel Costas, presidenta de ACC insistió en que no se debe olvidar a quienes emprendieron este camino, y al finalizar el acto se les entregó un delantal de cocineras ilustres.


