Marc Oller y su reto en el Aneto: «Cada uno tiene sus limitaciones, pero no hay límites y si quieres, puedes»
Marc Oller, vecino de Jaca y con discapacidad visual, y el montañero y campeón del mundo de trail Luis Alberto Hernando relatan en Jaca cómo ocho personas convirtieron una ocurrencia entre amigos en una aventura de 16 horas para subir y bajar el Aneto.
Hay retos que empiezan con meses de planificación y otros que nacen con una frase lanzada entre amigos. El de Marc Oller y Luis Alberto Hernando pertenece a la segunda categoría. “No hay narices de hacerse el Aneto”. Así comenzó, entre bromas, una aventura que acabaría llevando a ocho personas hasta la cima del Aneto y convirtiendo a Marc, vecino de Jaca y deportista con discapacidad visual, en la primera persona ciega en subir y bajar esta montaña. «Si esto le puede ayudar a alguien merece la pena», asegura.
La historia se ha contado este martes en el Salón de Ciento del Ayuntamiento de Jaca, dentro de la Semana Europea del Deporte #BeActive. Frente al público, Marc y Luis Alberto han repasado una experiencia que comenzó con una idea aparentemente sencilla y que terminó convirtiéndose en una jornada de 16 horas de montaña, nieve, roca, cansancio y emoción.
Marc perdió progresivamente la visión debido a una retinosis pigmentaria, pero el deporte siempre ha formado parte de su vida. Esquiador, escalador y golfista, aceptó el desafío con una condición que se impuso a sí mismo: si otros iban a ayudarle a subir, él tenía que estar preparado para llegar hasta arriba. “Yo lo único que hice fue ponerme en forma. Ya que te van a subir, por lo menos hasta arriba, ¿no?”, explica.
Del Aspe al Aneto
El primer objetivo no era el Aneto. Marc y Luis Alberto habían pensado inicialmente en el Aspe, pero Luis, con su experiencia en montaña, consideró que era una opción más expuesta, cambiante y complicada. Así que apareció el Aneto. “Venga, vamos a hacer el Aneto, que encima tiene nombre”, recuerda Marc entre risas.
Después llegó lo más importante: encontrar compañeros de aventura. Primero, gente de casa; después, amigos. Hasta reunir a ocho personas dispuestas a afrontar el desafío. Luis Alberto Hernando, varias veces campeón del mundo de trail running y miembro del GREIM de la Guardia Civil, asumió buena parte de la coordinación de la expedición y se convirtió en el guía principal de Marc.
La preparación se prolongó durante unos seis meses. Marc entrenó en el gimnasio, ejercicios de fuerza y con sesiones de carrera. Durante el invierno, llegó a realizar hasta tres sesiones diarias de una hora. Había que estar preparado porque el reto no iba a ser sencillo.
16 horas de montaña
El grupo finalmente afrontó la aventura el 31 de mayo. La previsión inicial era encontrar más nieve, pero las condiciones sobre el terreno fueron diferentes.
La ascensión comenzó de madrugada. El grupo tuvo que avanzar por un terreno mucho más rocoso de lo esperado y, en algunos momentos, Marc y Luis Alberto llegaron a distanciarse varios cientos de metros del resto.
Pero el verdadero problema llegó después de haber alcanzado el objetivo. A unos 2.400 metros, la nieve prácticamente desapareció. Y aquello que parecía el final de la aventura se convirtió en una larga vuelta. “Bueno, pues venga, vamos al coche rapidito”, pensaron. Rapidito no fue.
Fueron aproximadamente seis horas para recorrer un par de kilómetros, avanzando entre bloques y buscando por dónde continuar. El cansancio empezó a pesar y también los recursos. “Me acabo el agua, me acabo las barritas, estoy ligero y pienso: ya está hecho. Y me dicen: no, más adelante”, cuenta Marc.
El humor también ayudó a superar aquellos momentos. Incluso los propios integrantes del grupo llegaron a engañarse a sí mismos pensando que el final estaba más cerca de lo que realmente estaba.
“¿Te importa que vayamos de noche?”
Para Marc, además, era una experiencia especialmente exigente. Aunque había practicado esquí, escalada y otros deportes, aquella era su primera experiencia de montaña de estas características. Una de las preguntas de Luis Alberto antes de afrontar el recorrido fue sencilla (y entre bromas): “Oye, ¿a ti te importa que vayamos de noche?”. Marc se ríe recordándolo porque «me daba igual». Empezaron a «plantearse» salir a las 4 de la madrugada de un lunes.
Marc y Luis iban encordados y recuerdan que si hubiera habido nieve «nos hubiera costado unas cinco horas menos». Y es que «en invierno había mucho riesgo de aludes», luego llegaron lluvias, y en el día escogido «la nieve era horrible». Marc asegura que no vuelve a hacer el Aneto «si no hay nieve». Porque los tramos con bloques de piedra fueron más complicados. También cuando no podía seguir las huellas de Luis. «Lo más incómodo fue estar tanhtas horas en equilibrio».
Y llegó uno de los momentos más delicados: el Paso de Mahoma. Marc conserva todavía cierta percepción de luces y sombras. Allí intentaba averiguar a través de sus sensaciones dónde estaba el vacío, el desnivel o la caída. Mientras su compañera Bea, que tiene vértigo, recibía el consejo de mirar únicamente dónde colocaba las manos, Marc intentaba precisamente lo contrario: comprobar si era capaz de percibir el precipicio. “Pasando el Paso de Mahoma intentaba mirar hacia abajo a ver si notaba algo”, recuerda.
No siempre podía saber exactamente qué había delante. Tenía que confiar en el grupo, en las indicaciones y, sobre todo, en su propia preparación.
Y entonces llegó la cima
Después de seis meses de entrenamiento, de cambiar fechas, de esperar a que las condiciones acompañaran y de superar una jornada que acabaría prolongándose durante 16 horas, llegó el momento de alcanzar la cima. La descripción de Marc es sencilla: “Un abrazo, llorar y flipar”.bNo hacía falta mucho más.
La cima no era solamente el final de una ruta. Era la culminación de un proyecto que había nacido casi como una broma y que había obligado a ocho personas a coordinarse, entrenar y adaptarse a las condiciones de la montaña. Y también era la demostración de que la discapacidad visual no tenía por qué convertirse en el límite del proyecto.
“Cada uno tiene sus limitaciones, en mi caso es visual. Y si te apetece y tienes un entorno tan maravilloso como el que tengo, no hay límites”, afirma Marc. Asegura que a nivel mental esta exdperiencia le ha ayudado a tener más determinación, ya que «antes no confiaba en mi».
El Aneto no es el final
La conversación de este martes en Jaca no ha terminado con el Aneto. Porque Marc y Luis Alberto ya piensan en nuevos desafíos. Han hablado incluso del Mont Blanc, aunque reconocen que sería una aventura diferente: más días, más organización y un presupuesto mayor. Pero el objetivo va más allá de sumar montañas.
Marc quiere que estas experiencias sirvan también para mostrar fuera de Aragón las posibilidades del territorio y todo lo que ofrece la provincia de Huesca y el Pirineo.
Porque el reto, en realidad, no era solamente subir al Aneto. Era demostrar que se pueden seguir haciendo cosas aunque las circunstancias cambien. Y quizá por eso todo empezó con una frase tan sencilla como aquella que Marc y Luis Alberto recuerdan entre risas: “No hay narices de hacer el Aneto”.
Luis Alberto reconoce que ha sido «una experiencia inolvidable», aunque también «arriesgada», pero «mereció la pena,» y destaca la fortaleza y entereza de Marc, que «lo disfrutó muchísimo». De hecho la define «de las exsperiencias más bonitas que he tenido en la montaña».





