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‘El asedio de Troya’, de Theodor Kallifatides

En enero escribía una pequeña reseña sobre la obra ‘Otra forma de vivir’ de este autor griego, un descubrimiento que me dejó con la miel en los labios y el deseo de seguir profundizando en su obra literaria.

Ahora se publica en español una segunda obra de su amplia bibliografía, escrita originalmente en 2018 pero que sale a la luz traducida en estos momentos. Recuerdo comentar con mi buena amiga, lectora y gran librera, Pili Crespo, el descubrimiento de ‘Otra forma de vivir’ y cómo nos había impactado. Me temo que no tardará en caer en sus manos éste, ‘El asedio de Troya’.

Una maestra de un pueblecito griego, cuando la ocupación alemana, entretiene a sus alumnos adolescentes con una nueva versión de la ‘Iliada’ de Homero, encandilando cada día a ese pequeño auditorio y dejando posar sutilmente la inutilidad de las guerras y de toda violencia sea auspiciada por los dioses griegos o por los invasores actuales.

Muchas cualidades tiene Theodor Kallifatides pero sobre todas ellas es que sus obras rezuman dulzura y deseo de devorar sus historias, que con un lenguaje preciso se hace con gran facilidad y placer.

Me voy a permitir copiar aquí una anécdota que cuenta un crítico de esta obra y que refleja bien lo que digo:

Una anécdota significativa, y casi reconfortante: quien ha escrito esta reseña andaba leyendo ‘El asedio de Troya’ mientras subía a un tranvía municipal en la muy noble ciudad de Zaragoza. Absorto como iba en la lectura (y acostumbrado a Madrid, donde uno valida al entrar a la estación, y ya se desentiende al subir a los vagones), se le olvidó sacar la tarjeta y pagar así su viaje, y siguió escuchando al sabio Néstor, luchando con el valiente Agamenón, sufriendo con la irresistible Helena… Y entonces, por supuesto, apareció un revisor, directamente surgido del Hades, y con aladas palabras pidió explicaciones. Las recibió, muy desconfiado, pero cuando vislumbró el título del libro, exclamó un comprensivo y hasta cómplice “Ah, los clásicos… Cómo atrapan, ¿verdad?”. Y ante la perceptible decepción de los testigos, que como salvajes aqueos pedían sangre en forma de sanción, aquel buen hombre, sin duda el favorito de los dioses, permitió validar el billete en ese momento, haciéndose cargo de lo que había ocurrido. En resumen: que casi me obligan a pagar una multa de 50 dorados euros por culpa del talento literario de Kallifatides. Pero Homero, siempre infalible, acudió al rescate.

Pedro Pérez

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