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Científicos de la red Replim estudian los lagos pirenaicos para evaluar el impacto del cambio climático y la acción humana

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Científicos españoles y franceses de la red Replim están estos días recogiendo muestras de agua y sedimentos en varios lagos pirenaicos con el objetivo de poder evaluar los impactos del cambio climático en estos ecosistemas y ver cómo responden a la presencia humana. Con todos los datos recogidos se elaborará un plan estratégico de gestión y protección que proporcione recomendaciones a los gestores sobre la conservación de estos ecosistemas. Durante este viernes, un equipo formado por investigadores del Instituto Pirenaico de Ecología (que lidera el proyecto), de la Universidades de País Vasco, Navarra y Pau – Pays de l’Adour (Francia) realizaron diversas mediciones en el lago Sabocos de Panticosa. Este lago tiene como máximo 25 metros de profundidad, 600 metros de largo y 250 de ancho.

Foto: Laura Zamboraín

Ayudados por una pequeña barca, dos investigadores cogieron diferentes muestras de agua, realizando un perfil de profundidad, que permite guardar todos los datos que recoge la sonda multiparamétrica. «Se trata de recoger muestras de agua a diferentes profundidades y en diferentes momentos del día, para después analizarlas en el laboratorio y determinar una serie de parámetros físico-químicos», explica Alberto de Diego, científico de la Universidad del País Vasco. El ‘muestreador’ utilizado es únicamente de plástico, para que no haya contaminación por metales, y permite coger 2 litros de agua a la profundidad que se desee. Luego, las muestras se llevan a la orilla, se les añaden compuestos químicos «de los que nos interesa seguir su evolución en el tiempo en función de la radiación solar y luego se colocan a diferentes profundidades para que les afecte en mayor o menor medida dicha radiación», subraya. Eso produce cambios estructurales en los compuestos químicos que es lo que se estudia. Todavía es pronto para hablar de conclusiones, ya que todavía se está generando una base de datos.

Foto: Laura Zamboraín

Este proyecto comenzó en 2016, tiene una duración de 3 años y el objetivo principal es «establecer una red de ecosistemas sensibles con el objetivo de continuar en un futuro y poder evaluar los impactos que tiene el cambio climático sobre este tipo de ecosistemas», tal y como ha explicado Sheila Izquieta, investigadora de la Universidad de Navarra. Los diferentes lagos y turberas de los que se van a coger muestras, se han seleccionado en base a la trayectoria, ya que algunos grupos de científicos participantes ya los habían estudiado, así como por el interés que puedan tener. Se analizan este tipo de ecosistemas porque «son más sensibles y vulnerables y cualquier tipo de alteración atmosférica o cambios en la temperatura o precipitaciones, va a ser más visible», añade la investigadora.

Fernando Barreiro, investigador del IPE, ha explicado que se están realizando trabajos de monitorización «para poder comparar los ibones entre ellos, y poder ver cómo responden al impacto humano y al climático». Para eso se necesitan datos actuales, «que es lo que hacemos ahora». Además, también se recogen muestras de sedimentos del fondo de los lagos, «porque ahí está la historia climática de los últimos 4.000 años». Con estos materiales, se puede saber, por ejemplo, que durante la edad media «el clima era un poco más cálido que después», o que hubo más plomo en la época romana, «luego descendió y en los años 80 volvió a aparecer por el uso de gasolina con plomo». Y es que siempre hay contaminantes que se distribuyen por la atmósfera, algunos de tipo orgánico, otros más químicos, «y aunque se produzcan en zonas lejanas, se dispersa mucho por la atmósfera y se han llegado a encontrar en cantidades muy pequeñas».

Foto: Laura Zamboraín

Además del lago Sabocos, ya se han tomado muestras en otros lagos de la zona de Bachimaña (Baños de Panticosa, Ordicuso, Arnales, Bachimaña Bajo, Coanga, Xuans, Azul superior y Pecico), así como lagos del valle cercano a Cauterets (Francia). En el mismo valle del Gállego, el equipo del Instituto Pirenaico de Ecología está trabajando también en el ibón de la Sierra (cerca de Tramacastilla) donde se realiza el mismo tipo de mediciones que en Sabocos.

En todo el Pirineo hay cerca de mil ibones y en el proyecto REPLIM se monitorizan 38 de ellos y 6 turberas, en Francia, España y Andorra, para cuya selección se han seguido distintos criterios de representatividad. El estudio de los ibones y su conservación ofrece una oportunidad para la concienciación ciudadana sobre los retos del cambio climático y la creciente presión por las actividades humanas.

La red Replim

Científicos en el lago Sabocos. Foto: Laura Zamboraín

El proyecto Replim pretende mejorar la cooperación entre los centros científicos, las entidades gestoras y los ciudadanos, estableciendo una red de observatorios de estos ecosistemas vulnerables que permita caracterizar el cambio climático a escala tanto local como de todo el territorio, identificando los impactos pasados, recientes y previsibles en el futuro. Esta red quiere homogeneizar los indicadores del cambio climático, sensibilizar a la ciudadanía de sus impactos y ayudar a definir una estrategia de gestión integrada con el desarrollo social y económico del territorio pirenaico. Aunque el proyecto REPLIM finaliza en 2019, la continuidad de la red establecida contribuirá a que se desarrolle y ejecute la estrategia y el plan de acción del Observatorio Pirenaico del Cambio Climático en los próximos años.

Replim es un proyecto cofinanciado por el Fondo Europeo de Desarrollo Regional, FEDER a través del programa POCTEFA 2014-2010. El proyecto incluye centros de investigación del País Vasco, Navarra, Aragón y Cataluña, de los departamentos franceses de Nueva Aquitania y Occitania y de Andorra. El Instituto Geológico y Minero, la CHE, La comarca de Sobrarbe y el Geoparque de Sobrarbe participan como asociados.

 

 

 

 

 

 

 

 


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