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UAGA-COAG reclama un cambio en la prevención de incendios y más apoyo para los agricultores durante la cosecha

Una jornada celebrada en Jaca analiza el riesgo de incendio en la maquinaria agrícola, la gestión forestal y el papel del pastoreo. Una investigación de la Universidad de Zaragoza ha detectado temperaturas superiores a los 300 grados en determinados componentes de las cosechadoras.

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La prevención de incendios forestales requiere algo más que restricciones puntuales durante los días de mayor riesgo. Este ha sido uno de los mensajes que se han trasladado en la jornada Prevención de incendios y actividades tradicionales, celebrada este viernes en Jaca y organizada por UAGA-COAG, en la que agricultores, ganaderos y especialistas han compartido conocimientos y propuestas para reducir el peligro de nuevos fuegos.

«Ha habido un momento de impasse, de tocar fondo, y a partir de aquí tenemos que ponernos a trabajar agricultores, ganaderos y habitantes del medio rural junto con las administraciones para hacer un cambio radical en la gestión y la prevención de incendios», ha defendido Alberto Escura, miembro de la ejecutiva de UAGA-COAG por Teruel.

La organización agraria considera que la experiencia de este verano, marcado por una oleada de incendios en distintos puntos del país y también en Aragón, obliga a reforzar la coordinación entre quienes trabajan en el campo y las administraciones. El objetivo de la jornada ha sido conocer las investigaciones y experiencias técnicas existentes para elaborar propuestas que permitan mejorar la prevención.

En cuanto a la regulación de las labores agrícolas durante los episodios de riesgo extremo, Escura ha señalado que la campaña estival estuvo marcada por el nerviosismo de los agricultores ante la posibilidad de provocar un incendio y por las interrupciones de los trabajos de cosecha.

«La solución no es parar la cosecha. La cosecha se tiene que realizar cuando el cereal está en su punto», ha afirmado. A su juicio, paralizar las labores durante horas o días puede prolongar la campaña y mantener durante más tiempo la maquinaria trabajando en el campo. Por ello, apuesta por concentrar los trabajos en el menor número de jornadas posible y reforzar las medidas preventivas.

Escura también ha reclamado una mayor implicación de las administraciones. «No solo tiene que ser algo nuestro. Las administraciones deben poner más medios y un acompañamiento a las máquinas», ha subrayado.

Jornada celebrada en Jaca.

Las cosechadoras pueden superar los 300 grados

La jornada ha permitido conocer los avances de una investigación del Laboratorio de Maquinaria Agrícola de la Universidad de Zaragoza (LAMAGRI), presentada por María Videgain, que estudia desde 2017 el riesgo de incendio asociado a cosechadoras y empacadoras.

El equipo ha combinado una revisión bibliográfica con encuestas a usuarios y mediciones de temperatura en distintos componentes de las máquinas durante las campañas agrícolas. Los resultados apuntan a diferencias entre ambos tipos de maquinaria: en las empacadoras analizadas no se han registrado temperaturas que puedan provocar la ignición de los residuos acumulados durante el trabajo, mientras que en las cosechadoras sí se han detectado situaciones potencialmente peligrosas.

Según ha explicado Videgain, determinados componentes pueden superar los 300 grados durante la regeneración del filtro de partículas, dependiendo del modelo. Si en ese momento hay restos de cosecha acumulados en la máquina, las altas temperaturas pueden favorecer el inicio de un incendio.

La investigadora ha advertido, además, de que el origen de estos siniestros no siempre está en una chispa, como suele señalarse en las primeras informaciones sobre los incendios. La acumulación de residuos finos y el calentamiento de algunos componentes pueden crear una combinación de riesgo, especialmente cuando las condiciones ambientales son desfavorables.

Avisos de temperatura para anticiparse al fuego

Como parte del proyecto, la Universidad de Zaragoza está probando con este proyecto piloto sistemas de aviso que permiten controlar la temperatura de determinados puntos de las cosechadoras. La finalidad es que el agricultor pueda detectar un calentamiento excesivo y actuar antes de que se produzca un conato, deteniendo el trabajo y retirando los residuos acumulados si es necesario.

Videgain ha explicado que durante las pruebas ya se han detectado varias situaciones de riesgo en las que el aviso ha permitido intervenir. Estos dispositivos buscan ofrecer información directa al usuario para que pueda tomar decisiones con mayor precisión, frente a la incertidumbre que supone detectar únicamente olor a quemado.

La jornada ha abordado también la gestión forestal en Aragón, los aprovechamientos forestales como herramienta de mejora de los ecosistemas, la relación entre incendios y pastoreo y el papel de la ganadería en la conservación y configuración del paisaje.


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