La sexta entrega del Almanaque de los Pirineos, que abarca la década entre 1965 y 1975, sale a la venta en quioscos y librerías

El Almanaque de los Pirineos 2019 (1965-1975), la sexta entrega –y séptimo volumen- de la colección que edita Pirineum editorial desde 2013, aborda una década crucial en el Pirineo aragonés en todos los sentidos y lo hace, como es habitual, con un formato a medio camino entre un almanaque propiamente dicho y un periódico de época. La edición llegará a los quioscos y librerías de Huesca a lo largo de la semana y en breve a todo Aragón.

Está estructurado por meses, intentando que cada reportaje aparezca en las fechas en las que la noticia tenía lugar, y está escrito como si se hubiera hecho en aquella época. Abarca secciones de Cultura, Sociedad, Deportes, Montaña, Etnografía, Economía, Infraestructuras… y también una sección de Contexto Internacional que sirve al lector para situarse en el tiempo que relata.

En esta ocasión, mientras en el valle de Tena se desarrollaba la llamada Operación Aguilucho o la Señora Concha, la campanera de la Catedral de Jaca, recibía un homenaje en el programa de TVE Reina por un día, en el mundo se suceden la guerra del Vietnam, los sucesos de Mayo del 68 en París, el Watergate o el golpe de Estado contra Salvador Allende. En el ámbito nacional no es necesario subrayar la importancia de la década. El régimen franquista agoniza al mismo tiempo que lo hace el dictador y los signos de apertura son ya un hecho evidente que se van haciendo más visibles a medida que pasan los años.

Son los años del tardofranquismo, llenos de luces y sombras, que marcaron el futuro del Alto Aragón. La inauguración de los embalses de El Grado y Búbal, el sorprendente llenado de Mediano, sin previo aviso a sus habitantes, o el cierre de la línea internacional de Canfranc, contrastaban con la construcción de una pista de hielo en Jaca y las aperturas de las estaciones de esquí de Cerler y Panticosa, que se sumaban a las ya existentes de Candanchú y Formigal, y esperaban a la de Astún, que ya tenía su proyecto redactado. Se construía el túnel de Bielsa y se inauguraba el Parador Nacional de Pineta… Los planes de desarrollo turístico fueron el germen del paisaje que tiene hoy el Pirineo aragonés.

Una vez más, el Almanaque de los Pirineos queda en deuda, por orden de importancia, con la Fototeca de la Diputación Provincial de Huesca, con Jesús Pedro Juanín Esteban, y con las hemerotecas de El Cruzado Aragonés, El Pirineo Aragonés, la revista Aragón y el diario Nueva España. También con la biblioteca del Instituto de Estudios Altoaragoneses y con un largo elenco de colaboradores en reportajes concretos que han sido de gran ayuda. A todos ellos se ha sumado en esta edición la hemeroteca de Andalán, a la que el Almanaque ha estrujado a gusto, y las fotografías del inglés Rupert Dawnay, que pasó todo un verano en el Berdún de comienzos de los años setenta y fotografió su paisaje y su paisanaje con esa sensibilidad propia del que llega con una perspectiva distinta. Su cámara captó la esencia del territorio.

Como en toda la colección, una ilustración de Saúl Moreno Irigaray, presenta el volumen. En esta ocasión, una imagen casi cenital del valle de Añisclo, amenazado en aquella época por un proyecto hidroeléctrico. El autor y productor de El Almanaque de los Pirineos es el periodista jacetano Sergio Sánchez Lanaspa y el diseñador de la colección es el zaragozano Víctor Gomollón.