La Cueva de las Güixas, mucho más que una cueva: un viaje al corazón de la montaña, la historia y la naturaleza
La cavidad de Villanúa recibe visitantes durante todo el año y combina su atractivo geológico con la divulgación científica, el seguimiento de sus colonias de murciélagos y una programación que busca acercar al público la historia y el patrimonio del valle

Hay lugares que se visitan y lugares que, además, se explican. La Cueva de las Güixas, en Villanúa, pertenece a esta segunda categoría. Bajo la montaña se abre un espacio que permite viajar millones de años atrás para entender cómo el agua ha ido modelando la roca, pero también acercarse a la biodiversidad, conocer la importancia de los murciélagos, descubrir episodios de la historia local o reflexionar sobre la relación entre el ser humano y la naturaleza.
La cavidad, uno de los principales atractivos turísticos de Villanúa, permanece abierta durante todo el año y recibe tanto a visitantes particulares como a grupos y centros educativos. En verano, la llegada de familias y turistas se intensifica, aunque el objetivo es que la actividad no quede limitada a los meses de mayor afluencia.
“Todo el año hay gente y cada vez más”, explica Andrea Dumall, coordinadora de la Cueva de las Güixas, quien destaca especialmente el trabajo que se está realizando para incrementar la presencia de centros educativos. “En verano, por supuesto, con la actividad turística hay muchos particulares y muchas familias, pero a lo largo del año estamos intentando motivar un crecimiento en cuanto a espacios educativos y centros educativos”, añade.
Un espacio vivo bajo la montaña
Entrar en las Güixas supone adentrarse en un sistema subterráneo cuyo origen está estrechamente relacionado con el agua y con la naturaleza caliza del macizo. La parte visitable de la cueva corresponde a un antiguo nivel torrencial, formado cuando el agua circulaba por el interior de la montaña con una fuerza considerable. Esta característica explica también buena parte de su singular morfología.
“Las cuevas ya tienen muchísimo potencial a nivel geológico”, señala Dumall. “La parte que es visitable está en un nivel torrencial porque lo formó un río que, al tener una inclinación, venía con muchísima fuerza”.
Por eso, la experiencia de quien entra por primera vez puede ser diferente de la que imaginaba. En las primeras zonas, la espectacularidad no depende necesariamente de encontrar inmediatamente grandes estalactitas o estalagmitas. La propia configuración de la cavidad habla de la fuerza con la que el agua fue excavando la roca.
Más adelante aparece uno de los grandes espacios de la visita: la sala de la Catedral, con unos 20 metros de altura. Allí el paisaje subterráneo cambia y aparecen numerosos espeleotemas, el término que engloba las diferentes formaciones minerales generadas en las cuevas, como estalactitas, estalagmitas, coladas, banderas o cortinas.
“La sala de la Catedral tiene 20 metros de altura, es muy amplia y está repleta de espeleotemas”, explica la coordinadora. “Aunque el gusto sea algo subjetivo, creo que a todo el mundo le impresiona”. Pero las Güixas no son únicamente un espectáculo geológico. Bajo tierra existe además un ecosistema de enorme interés.
El reino de los murciélagos
Uno de los habitantes más singulares de la cueva son los murciélagos. No siempre resulta sencillo verlos durante una visita, ya que las principales colonias ocupan un tercer nivel de galerías al que no accede el público. Precisamente esa separación permite compatibilizar la actividad turística con la conservación de estos animales.
“Los murciélagos habitan el tercer nivel, unas galerías a las que no accedemos en la zona visitable”, explica Dumall. De esta forma, “tú no estás pasando en ningún momento por lo que es su hábitat”.
La Cueva de las Güixas forma parte de la Red Natura 2000, la red europea de espacios protegidos, lo que implica una especial responsabilidad en materia de conservación. La protección de la cavidad no significa que el espacio quede aislado del público, sino que obliga a establecer unas condiciones de visita compatibles con sus valores naturales. Y el seguimiento científico es fundamental.
En colaboración con Sarga se realizan censos de las colonias de murciélagos tanto en invierno como en verano. Se estudia cuántos ejemplares hay, qué especies están presentes y cómo evolucionan las poblaciones. Los resultados, según Dumall, están siendo “muy positivos”.
La importancia de las Güixas no reside únicamente en el número de animales que puedan llegar a concentrarse en determinados momentos. La particularidad de la cavidad es que ofrece unas condiciones especialmente adecuadas para que distintas especies puedan desarrollar diferentes fases de su ciclo vital. “La importancia de la cueva es que, por cómo se articula, ofrece las condiciones necesarias para que puedan desarrollar todo el ciclo vital, desde el apareamiento hasta la hibernación y la cría”, señala.
En algunos censos se han llegado a contabilizar alrededor de 2.000 ejemplares en época de cría. Además, se han identificado más de una decena de especies diferentes, aunque no todas permanecen de forma estable en la cueva. Algunas utilizan la cavidad para hibernar, otras para criar o aparearse y otras pueden aparecer de forma puntual en busca de refugio.
Y su presencia no es anecdótica. Los murciélagos desempeñan un papel esencial en el funcionamiento de los ecosistemas, especialmente por su capacidad para controlar las poblaciones de insectos. “Los murciélagos comen insectos y cada uno puede comer alrededor de 3.000 insectos cada noche”, explica Dumall. Esa función convierte a estos animales en importantes reguladores naturales de poblaciones que, de otro modo, pueden llegar a convertirse en plagas. De ahí la necesidad de conocerlos antes de protegerlos.
Entre la fascinación y el miedo
Los murciélagos ocupan además un lugar peculiar en el imaginario colectivo. Fascinan y generan rechazo a partes iguales. El miedo, los mitos y las historias asociadas a ellos siguen muy presentes. “En nuestros imaginarios ocupan un lugar un poco ambiguo, entre la fascinación y el miedo”, apunta Dumall. “Hay mucha mala fama y mucho mito en torno a los murciélagos”.
La divulgación científica permite precisamente desmontar esas ideas preconcebidas. Y esa es una de las funciones que persigue la Cueva de las Güixas: que el visitante no salga únicamente con una fotografía o con el recuerdo de una sala espectacular, sino también con nuevos conocimientos. En ese sentido, la cavidad se convierte en un aula natural. “Los murciélagos son animales increíbles a nivel evolutivo y cuando la gente aprende esto se va con una idea muy distinta”, explica la coordinadora.
Una idea que entronca con una cuestión mucho más amplia: la relación del ser humano con los sistemas naturales. “Una de las grandes retos que tenemos ahora mismo a nivel mundial es entender y aprender a vincularnos de otra manera con los sistemas naturales, porque somos naturaleza”, reflexiona Dumall. “Hemos levantado un muro conceptual por el cual creemos que la naturaleza va por un lado y nosotros por otro. Es una ficción peligrosa”.
La cueva y las brujas: desmontar una historia que nunca ocurrió allí
Hay otro elemento que forma parte del imaginario popular de las Güixas: las brujas. La relación entre la cueva y la brujería se ha convertido con el paso del tiempo en uno de los reclamos más reconocibles vinculados al lugar. Sin embargo, Dumall considera importante realizar una precisión histórica. “Las brujas realmente no tuvieron que ver con estas cuevas”, afirma.
La vinculación entre las mujeres acusadas de brujería y la Cueva de las Güixas comenzó a difundirse a finales del siglo XX, coincidiendo en parte con la reapertura del espacio. La tradición se consolidó posteriormente en el imaginario colectivo, pero no existe documentación que demuestre que aquellas mujeres utilizaran la cueva para realizar supuestos aquelarres o rituales.
Lo que sí está documentado es la existencia en Villanúa de procesos por brujería. Según explica Dumall, estudios realizados desde la Universidad de Zaragoza permitieron localizar abundante documentación que acredita “como mínimo 15 casos de mujeres acusadas por el delito de brujería” y ejecutadas por ello. La diferencia es importante: la historia de las mujeres acusadas de brujería sí está documentada; su vinculación con la Cueva de las Güixas, no.
Para Dumall, no se trata simplemente de corregir una leyenda, sino de evitar que un proceso histórico complejo y dramático quede reducido a un relato folclórico. “A mí me parece importante no frivolizar con estas cuestiones”, subraya. “Al final son procesos históricos que son muy dramáticos y creo que es mucho más importante que la gente pueda entender esos procesos”.
La caza de brujas permite, además, abordar cuestiones que siguen teniendo vigencia: los mecanismos de exclusión, la deshumanización y la construcción social del diferente. “Son procesos que ocurren una y otra vez, a través de mecanismos de deshumanización y de exclusión”, explica. Por eso, la programación vinculada a la denominada Semana de las Güixas aborda la brujería desde una perspectiva histórica y no únicamente desde el mito. “Muchas veces, como la caza de brujas está tan vinculada al folclore, se desdibujan realmente las dimensiones políticas de este tipo de procesos”, sostiene Dumall.
Una programación que mantiene sus propuestas de verano
La actividad de la cueva durante el verano mantiene este año buena parte de las propuestas que han demostrado una mayor aceptación entre el público. Entre ellas destaca la Noche de Murciélagos, que alcanza ya varios años de trayectoria y se ha consolidado como una de las actividades especiales con mayor respuesta. “Lleva ya, si no me equivoco, cuatro años y tiene muy buena aceptación”, explica la coordinadora.
A ello se suman las visitas guiadas habituales, dirigidas tanto a visitantes particulares como a grupos que conciertan su entrada previamente. Además, está prevista alguna novedad vinculada a la Semana de las Güixas, cuya programación todavía se encuentra en construcción. El objetivo es mantener una oferta que no se limite a mostrar la cueva, sino que permita descubrirla desde diferentes perspectivas.
Un laboratorio natural
La investigación forma parte también de la vida cotidiana de las Güixas. Los conocimientos que se trasladan a los visitantes buscan estar respaldados por estudios científicos relacionados con ámbitos como la geología, la biología o la historia. “Los conocimientos que se generan intentamos que siempre estén basados en una investigación científica”, explica Dumall.
El seguimiento de las colonias de murciélagos constituye uno de los mejores ejemplos. Saber qué especies utilizan la cavidad, cómo evolucionan sus poblaciones o cómo responden ante determinadas condiciones permite evaluar también si las actividades desarrolladas en el interior son compatibles con la conservación. “Si hacemos una actividad que realmente está impactando de manera negativa sobre los murciélagos, tenemos que saberlo y echarla para atrás”, afirma.
La investigación, por tanto, no es un elemento añadido a la visita turística. Es una herramienta para decidir cómo gestionar el propio espacio.
Una cueva condicionada por el agua
La relación con el agua continúa siendo determinante en el funcionamiento actual de la cavidad. Las Güixas se encuentran en un terreno kárstico, donde el agua se infiltra a través de la roca caliza y va generando grietas y conductos. Parte de ese agua termina alimentando el sistema subterráneo.
La cueva cuenta con un primer nivel, el denominado nivel freático, por el que circula un río subterráneo que mantiene agua de manera permanente. En determinadas circunstancias, especialmente cuando se producen episodios de precipitaciones abundantes, el sistema puede recibir más agua de la que es capaz de evacuar. Cuando esto sucede, el agua asciende por el sifón y puede llegar a desbordarse hacia el nivel visitable. Son las conocidas inundaciones de la cavidad.
Por este motivo, aunque la cueva permanece abierta durante los doce meses del año, el acceso puede limitarse puntualmente cuando las condiciones del agua lo hacen necesario. “Solo se cierran de manera puntual cuando hay inundaciones”, explica Dumall. “Son inundaciones que pueden durar 24, 48 o 72 horas”.
No existe, por tanto, un periodo anual de cierre. La actividad continúa durante todo el año y únicamente se interrumpe el acceso a la cavidad cuando las condiciones de seguridad o conservación lo requieren. Y también aquí el comportamiento del agua ofrece información sobre lo que está sucediendo fuera de la montaña.
Cuando el clima también entra en la cueva
Tradicionalmente, las inundaciones más importantes se han relacionado con la primavera, cuando coinciden las lluvias con el deshielo procedente de las zonas altas del Pirineo. Sin embargo, Dumall señala que en los últimos años se han observado cambios en el momento en que se producen determinados episodios. “Donde hay variaciones es en el momento en el que ocurren”, explica.
En algunos años recientes se han registrado episodios de inundación ya en diciembre o enero, algo menos habitual. La explicación puede encontrarse en las condiciones meteorológicas. En un macizo de gran altitud, que alcanza cotas próximas a los 3.000 metros, que determinadas precipitaciones se produzcan en forma de lluvia en lugar de nieve tiene consecuencias directas sobre la cantidad de agua que termina filtrándose hacia el interior.
“Lo que te está hablando es de que lo que está filtrando es agua”, apunta Dumall. “Entonces implica que en un macizo de 3.000 metros de altura, en medio del Pirineo, lo que está precipitando es agua porque la temperatura es más elevada cuando normalmente debería ser más baja”.
La cueva se convierte así también en una especie de observatorio natural desde el que se pueden percibir las transformaciones que experimenta el entorno.
Los escolares, un público especialmente receptivo
Uno de los objetivos de la gestión actual es reforzar la vertiente educativa. Los escolares constituyen un público especialmente receptivo a este tipo de espacios porque permiten complementar los contenidos del aula con una experiencia directa. “Los escolares flipan mucho”, reconoce Dumall.
La cueva permite trabajar contenidos de ciencias naturales, geología, biodiversidad, historia y educación ambiental, pero desde un modelo de aprendizaje diferente al de un aula convencional. “Son espacios que forman parte de la educación, pero es educación no formal, donde pueden expresarse también de otra manera”, explica.
Para muchos niños y niñas, especialmente aquellos que viven en entornos urbanos, el contacto directo con la naturaleza supone además una experiencia poco habitual.
Y ahí vuelve a aparecer uno de los grandes objetivos de las Güixas: utilizar un espacio singular para generar conocimiento y, al mismo tiempo, modificar la manera en que el visitante se relaciona con el entorno.
Mucho más que estalactitas y estalagmitas
Preguntar qué es lo que más sorprende a los visitantes conduce inevitablemente a tres elementos: los espeleotemas, los murciélagos y las historias de brujería. Pero detrás de cada uno existe una oportunidad para explicar algo más.
Las formaciones geológicas permiten comprender la historia de la Tierra y el papel del agua en la transformación del paisaje. Los murciélagos sirven para hablar de biodiversidad, conservación y equilibrio de los ecosistemas. Y la caza de brujas permite acercarse a la historia social y a los mecanismos de exclusión que han marcado distintas épocas.
“Las brujas y los murciélagos son realmente parte del mismo imaginario”, señala Dumall, aunque precisamente ahí encuentra una oportunidad para desmontar mitos y sustituirlos por conocimiento. Ese es probablemente el elemento que mejor define la filosofía de las Güixas: no quedarse en la espectacularidad de lo que se ve, sino explicar todo aquello que no resulta visible a primera vista.
Porque bajo la montaña hay mucho más que una sucesión de galerías. Hay una historia geológica de millones de años, un río subterráneo, especies protegidas, investigaciones científicas, procesos históricos y una enorme capacidad para enseñar.
Y quizá por eso, como resume Dumall, visitar la Cueva de las Güixas no consiste solamente en entrar en una cavidad. Consiste en acercarse a la montaña para entender mejor la naturaleza y, de paso, entendernos un poco mejor a nosotros mismos.



