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El herrador, un oficio en peligro de extinción

Oscar Maza Hernando es el único herrador de la Comarca del Alto Gállego y unos de los dos que hay en la Jacetania. Vive en Biescas y de él depende el buen andar de los caballos de la zona. Es guía ecuestre, tiene formación en doma de caballos y trabaja en el Pirineo Aragonés, pero también en Francia. Se formó con grandes especialistas de este oficio y siempre que tiene la oportunidad sigue ampliando sus conocimientos. Lo encontramos herrando a la yegua Simona, en Villanúa, en El Pesebre, porque a los pies de los caballos es donde le gusta estar.

Hay oficios que se transforman continuamente a la vez que la técnica avanza, pero algunos por mucho que el mundo se modernice, seguirán igual. Herrar es un oficio, pero también un arte. Es un trabajo que implica conocer a los animales, no dejar de escucharlos. Oscar Maza lleva muchos años haciendo esto, como pasa con todas aquellas afinidades que te marcan. Le entró en el alma y supo que no se quería dedicar a otra cosa. A sus 39 años no para mientras el sol esta en el cielo: “suelo salir de casa a las 7.00 – 7.30 h y vuelvo a las 22.00 o a las 23.00 h”, cuenta.
Recuerda que desde muy pequeño tenía obsesión por los caballos, “y tuve caballos y cuando empezó a venir el herrador yo le organizaba la faena y así empezó todo. El me dio la oportunidad de acompañarle y estuve un año y medio con él aprendiendo”.

Opina que en cuanto a los estudios de este oficio se podrían idealizar un poco las titulaciones, ya que no existen unas condiciones únicas en toda España. “O sería tan fácil como copiar a nuestros vecinos franceses que lo tienen muy bien sistematizado”. De hecho, planea apuntarse a una Escuela de Herradores francesa y examinarse para poder tener una titulación oficial.

Algo más que herrar

Oscar es herrador, pero también guía de turismo ecuestre. Es evaluador de galopes, tiene conocimientos de doma y ha realizado un curso de auxiliar de veterinario. “En el campo no tienes a nadie, tienes que ser válido para todo”, explica.

Dice que es importante tener conocimiento de la anatomía y del movimiento del caballo. Herrar no es siempre fácil porque no hay una regla o una norma que se pueda aplicar en todos los casos. Luego hay caballos que evolucionan para bien o para mal y hay que observarlos. “Hay que ir variando. Es un hueso que se mueve dentro del estuche córneo cambiando su aplomo por el esfuerzo, por la alimentación o simplemente por la edad. Conseguir el movimiento perfecto y que no se lesione son mis mayores retos”.

El proceso de herraje

Lo que un herrador hace es preparar de la forma menos invasiva al caballo para que pueda aguantar el trabajo. Concretamente se les quitan las herraduras viejas, el casco para aplomar intentando siempre buscar su movimiento más cómodo. “A veces hay que corregir más, otras veces menos. Forjamos la herradura, la probamos en caliente, la clavamos”. El casco es una parte insensible del caballo, con lo cual el animal no sufre.

De la herramienta ambulante que lleva en su todo terreno no falta una tenaza de recorte, tenaza para cortar clavos, pinzas y tenazas para sujetar el metal caliente, martillos y clavos. Hay muchos tipos de materiales, normalmente se suele herrar con un acero dulce, pero en ortopedia se usa también aluminio o hierro con diferentes formas, incluso a veces el herrador hace las herraduras él mismo en la fragua en función del problema que tiene el caballo.

“Lo que considero que es muy importante en el proceso del herraje es que los humanos aprendamos el idioma de los animales y no exigir que sea al revés. Tenemos que estar atentos a las señales que nos da el caballo: fijarnos en su orejas, en lo que hace con la cola, la mandíbula. Solo una vez tuve un incidente con un semental de 1.000 kilos que me arroyó. Le increpé y al final por la confianza, por no escucharle… No me quiso hacer nada, solo quitarme de delante, si no, no estaría aquí”, confiesa.

  “Vivir sólo de ésto es complicado”

Oscar Maza se quiere dedicar exclusivamente a los caballos, pero no es una reto fácil. Actualmente además de herrar se dedica a criar, domar y vender caballos, también ofrece servicio de transporte con remolque o con camión. He intentado no moverme de aquí, aunque alguna vez voy a Huesca o a Zaragoza a ayudar al maestro herrador con el que aprendí o a un amigo. Desde hace tres años decidí criar caballos, pero la cuadra es menos rentable de lo que me esperaba”.
En el mundo del caballo todo es muy costoso. “No sé si porque era elitista o porque no hay muchos o porque cuestan mucho los estudios, pero todo es excesivamente caro”.

El herrador ha comprado una nave y un terreno y planea montar un tipo de negocio como el que tiene un amigo en Accous (Valle de Aspe) y con el que cuando tiene tiempo, trabaja como guía ecuestre. Se ve organizando rutas a caballo en destinos de ensueño como Las Landas, El Desiertos de las Bardenas o El Parque Nacional de Ordesa, y aunque el camino parece ser que va a ser largo, confía que con esfuerzo y dedicación logrará ver su sueño materializado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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