El Paseo de la Constitución de Jaca acoge hasta este domingo la XXVI Feria del Libro de Jaca que va a contar con la presencia de más de 70 autores y cerca de 40 actividades pensadas para todo tipo de público. El encargado de abrir oficialmente esta cita literaria, más que consolidada en el calendario, fue Antón Castro con un pregón centrado en el libro y su relación con Jaca, sin olvidar, como él mismo dijo a sus “amigos y escritores” relacionados con este territorio.
La concejal de Cultura, Andrea Vargas, iniciaba el acto recordando a dos personas que solían acudir y colaborar con esta Feria, pero que han fallecido: Joaquín Campo editor de Taula ediciones, y Helena Coarasa, de la Librería General. Posteriormente, Juan Gavasa era el encargado de presentar al pregonero, recordando, entre otras cosas, que Castro no dudó en participar en la primera edición de este certamen, en el año 2000, cuando se celebró en la plaza Ripa. Igualmente, repasó su amplia trayectoria profesional, recordando que este escritor es periodista de HERALDO y que ha sido galardonado con el premio de las Letras Aragonesas 2024, junto a José Luis Melero, que también estuvo presente en el pregón de la Feria del Libro.
Pregón
“El libro es una escultura impecable, un mensaje de los dioses, el talismán del sueño y el viaje, un amasijo de elementos que cobija la belleza y la emotividad, la lucidez y la crítica, la memoria del mundo hecha sabiduría, emoción y sensibilidad”, comenzó Antón Castro. “Todo está en los libros, como se decía hace años. Hasta lo desconocido. O, sobre todo, lo desconocido. Y por ello, desde que fue la primera capital de Aragón e incluso mucho antes, Jaca tiene su propio continente de papel y longevidad escrita y una Feria del Libro prestigiosa: es una costilla necesaria de la literatura y la historia”, continuó. Respecto a su relación con esta ciudad dijo que se siente “como en casa”. Y de esto “han sido culpables” amigos y escritores, posiblemente la primera fue Concha Jiménez, una mujer “que creyó en la cultura y le dio una fluidez torrencial” y que además tenía “ideas e ideales, era generosa y noble, y pensaba en los otros con un candor que incomoda en política”.
Recordó a otra mujer clave para él, Ángela Abós, que le mandaba sus libros, novelas y recuerdos, y entre otros, a Severino Pallaruelo, que “conoce esta ciudad y sus entornos como la palma de su mano”. Jaca aparece en muchos de sus libros, entre ellos ‘Pirineos, tristes montes’. Reconocía igualmente que “no nos caben aquí todos los autores que se han emocionado con y en Jaca y que nos han subyugado con sus ficciones”. Uno de ellos, “muy querido”, es Fernando Sanmartín, que “ha proclamado” en ‘Días en Nueva York’ que en Jaca “es rabiosamente feliz”.
Y finalizó asegurando que Jaca es “por vocación”, una arcadia de los libros cada verano y durante todo el año. “Disfruten, ojeen, conversen, no tengan miedo, pregunten; es una oportunidad única y siéntanla como una lotería anual”.
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