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‘Traductor de adolescentes’, por Loreto Orduna

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La adolescencia es una de las etapas más complicadas de la vida, tanto para los jóvenes que no saben muy bien identificarse, donde posicionarse y con prioridades que distan mucho de las de sus padres…. como para los padres que no reconocen a aquellos que hace nada eran sus pequeños.

Partamos de una premisa básica y aparentemente sencilla: todo adolescente es inestable. Debemos aceptar la inestabilidad como algo propio de la adolescencia: el choque padres/hijos ocurrirá y posiblemente no podremos evitarlo. Pues venga, vamos a encauzarlo y dirigirlo.

Vulnerables

Los adolescentes, aunque no lo parezcan, son terriblemente vulnerables: tienen que lidiar con cambios físicos, emocionales, sociales y familiares…. hacerlo todo contando con un sistema nervioso aún inmaduro y, encima, con una realidad que les rodea terriblemente cambiante.

Los adolescentes se sienten inmunes e inmortales pero es como, evolutivamente, por el propio proceso de crecer, se tienen que sentir. Un adolescente tiene que ir contra todo el sistema que le ha acompañado durante sus primeros años de vida para poder identificarse y encontrarse a sí mismo. Desconocen cuáles son sus límites, los exploran muchas veces sin saber el peligro real que existe y esto lo harán si la recompensa (social principalmente) les merece la pena.

Con este panorama, lo que encuentran los chavales, como es lógico, son un montón de advertencias pero también prohibiciones y junto al antes mencionado sentimiento de inmortalidad surgen los problemas, encontronazos y discusiones….

Junto al “te entiendo, quieres sentirte libre pero ten mucho cuidado” está el “no me esperes despierto pero está pendiente de mi por si te necesito” o, como en la gran mayoría de ocasiones “a las 22,00 en casa porque lo digo yo (y en este momento las Autoridades)” o “ehhhhhh, si eso te pongo un whatsapp”.

Establecer normas

A la hora de establecer normas (necesarias para ayudarles en su crecimiento vital) la clave esta en llegar a acuerdos con flexibilidad. Las prohibiciones no funcionan bien a esta edad. Lo realmente importante es establecer un clima de confianza, donde, si le ocurre algo, por ejemplo ha bebido y necesita de nuestra ayuda, tenga la tranquilidad de poder acudir a nosotros (tema aparte serían las consecuencias de lo que ha hecho). Sería de esta manera poder pasar de “como se entere mi madre me mata” a “puf, se lo voy a contar a mi madre”. Es importante tener en cuenta sus necesidades y establecer la hora de llegada con ellos. Pero que sepa que estamos disponible en caso de aprieto es esencial.

El problema está en que, cuando uno ya tiene aprendidas las coletillas, no es tan fácil evitarlas y mucho menos en situaciones de tensión. Se está a la que se salta en casa y esto genera un ambiente de crispación difícil de gestionar.

Si frente a los comentarios de nuestros jóvenes “sal de mi cuarto” nos desbordamos, gritamos e insultamos, perdemos la autoridad y contribuimos a incrementar la tensión, haciendo que la discusión y el conflicto vayan en aumento. No obstante, si presentamos autocontrol emocional y respondemos serenos, seguros y firmes, les ayudaremos a regular sus impulsos y les daremos la oportunidad de aprender cómo responder en situaciones de malestar emocional. Casi nada ¿no?.

Puede ayudarnos tomar distancia y no interpretar literalmente las expresiones, debemos ser conscientes que éstas surgen desde su propia inmadurez y que para bien o para mal, nosotros somos los adultos.

Recomendaciones

Lo recomendable sería no responder a esas frases en el momento, siempre se puede parar, pensar o no, pero se puede parar y esperar a estar todos (o al menos alguno) tranquilos y entonces hablar de ello explicando no sólo lo que ha pasado sino también como nos hemos sentido. Incluso abordar lo ocurrido desde el humor, que siempre acerca.

Si en algún momento hemos pensado que los adolescentes son vagos y están desmotivados, podemos observarles más atentamente… hay cosas que les motivan (chatear hasta las tantas, dormitar, salir por ahí con sus amigos, planear algún viaje con sus amigos,…). Lo que ocurre es que sus prioridades no son iguales que las nuestras (ordenar el cuarto, ducharse, avisar si se retrasa, cenar todos juntos y tranquilos…) Y sí, este desajuste sucede muchísimas veces.

Otra vez como adultos nos toca a nosotros involucrarnos en sus intereses para recuperar la conexión y la cercanía, en vez de exigir que hagan ellos el esfuerzo en primer término…. y dotarnos de enormes cantidades de paciencia.

Habitualmente esta desmotivación es sólo transitoria y una reacción normal al proceso de adaptación ante los cambios que están atravesando. La motivación y las ganas de estar bien se nutren del bienestar de enfrentarse a retos y superarlos, por lo tanto, tratemos de asegurarles un escenario donde encuentren retos a su medida.

…Y si, también, muchas dosis de paciencia.

 

Por Loreto Orduna Pérez

Psicóloga sanitaria. Psicóloga infanto juvenil

 

 

(Imágen: https://www.freepik.es/vector-gratis/adolescentes-ninos-ninas-dibujos-animados_5018251.htm Vector de Personas creado por jemastock)

 


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