‘La acumulación emocional y cómo tratarla’, por Loreto Orduna

Acumulación emocional, lo que no sueltas, te genera malestar…
Las obligaciones del día a día, las que sin querer nos buscamos nosotros, los imprevistos de última hora, las tensiones, la rabia, la frustración y la sensación de impotencia,….así todo de golpe o acumulado en el tiempo…
Pues eso, eso es lo que somos, un caleidoscopio de emociones y gota a gota, o a chorrazos, nuestro vaso emocional se va llenando. Cuando no nos aseguramos de vaciarlo, esos estados afectivos pueden llegar a sobrepasarnos. De hecho, cuando nos sentimos a punto de estallar o estamos tan tensos que todo nos sienta un pelín mal, es probable que se deba a una acumulación emocional.
Cuando nos sentimos agotados y saturados mentalmente necesitamos parar, hacer un alto en el camino para, ya no sólo reencontrar el equilibrio, sino para no vivir con la sensación de estar continuamente viviendo a zancadillas. Pero, sin embargo, no siempre nos damos esa oportunidad. No hacemos caso a las señales de fatiga y saturación emocional, porque de verdad que las hay! Y nos empujamos un poco más, venga tira un poco más que de esta sales,…hasta que llegamos al punto del colapso, atoramiento que nos hace tocar fondo emocionalmente.
De hecho, la acumulación emocional se produce cuando no nos brindamos la posibilidad de ventilar nuestras preocupaciones, tensiones y estados afectivos negativos. Si guardamos toda esa angustia, frustración,… en nuestro interior, esas emociones seguirán creciendo, alimentándose mutuamente.
Las emociones reprimidas no desaparecen, se acomodan en nuestro interior, se acoplan en nuestro inconsciente y desde su posición privilegiada siguen ejerciendo presión, determinando nuestro comportamiento y decisiones. Como resultado de esa tensión interior, nos quedamos con los nervios a flor de piel, vamos, que estamos a la que saltamos. De un mírame y no me toques que no nos aguantamos ni a nosotros mismos, ¡cómo para aguantar al resto!
Las emociones reprimidas no desaparecen, se acomodan en nuestro interior, se acoplan en nuestro inconsciente y desde su posición privilegiada siguen ejerciendo presión, determinando nuestro comportamiento y decisiones.
Esa acumulación emocional no sólo empeora nuestro humor y nos convierte en personas más irritables, sino que también puede conducirnos a un auténtico colapso mental. Cuando las emociones toman el mando nos resulta difícil pensar con claridad y este caos mental se traslada a la esfera cognitiva por lo que podemos sentirnos bloqueados mentalmente, nos cuesta prestar atención y concentrarnos, recordar cosas y resolver problemas.
Además, la acumulación emocional también termina sobrecargando nuestro cuerpo. Los músculos, las articulaciones y los órganos vitales se llevan la peor parte ya que están sometidos constantemente al bombardeo de hormonas como el cortisol y la adrenalina, y esas contracturas, dolor de estómago y de cabeza…
Las emociones han sido consideradas como un acompañante de viaje que nos condiciona y que debemos someter con la razón. Un compañero que nos limita y desorienta cuando en realidad es todo lo contrario.
Las emociones son señales que nos indican que algo nos gusta o disgusta, nos hacen bien o por el contrario, nos pueden dañar. Podemos entender a las emociones como un punto de conexión entre nosotros y nuestro entorno. Necesitamos aprender a reconocer sus señales y darnos cuenta del mensaje que quieren transmitirnos.
Para ello debemos hacer caso a nuestras emociones cuando lo pidan. Si no les permitimos expresarse, terminarán acumulándose y generando una tensión psicológica innecesaria. En su lugar, necesitamos integrarlas en nuestra vida y devolverles el lugar que merecen.
Puede ayudarnos hacer una lista de los asuntos con los cuales estamos lidiando en este momento y escribir las emociones y sentimientos que experimentamos hacía cada una nuestras preocupaciones u obligaciones. Esto nos permitirá poner distancia y ver desde una perspectiva distinta “la que tenemos liada” en este momento.
Y para liar un poco todo esto una clave fundamental para evitar la acumulación emocional en no obsesionarse, si, puede parecer un contrasentido, pero no lo es. Necesitamos saber cuándo es momento de reconectar con nuestras emociones y cuándo nos estamos obsesionando. De hecho, la acumulación emocional guarda una estrecha relación con la rumiación. Esto es, cuando estamos dale que te dale a lo que nos pasa, que no salimos del y ahora encima esto, pero porque a mí si yo no he hecho nada,…
Pero esto no significa que debamos olvidarnos de las emociones, permitiendo que se acumulen, sino que no debemos quedarnos atrapados en su bucle. La gestión emocional prevé un primer momento de atención que debe ir seguido de un segundo momento en el que dejamos ir esas emociones. Quedarnos rumiando indefinidamente sobre lo que sentimos puede terminar agravando ese enfado, rabia o tristeza. Es como quedarnos llorando sobre la nota del examen de la vida eternamente, sintiendo pena por nosotros mismos.
Por tanto, debemos asegurarnos de que una vez que hemos captado el mensaje que desean trasmitirnos determinadas emociones, las dejamos ir. Ese dejar ir es esencial para resetear la mente y recuperar el equilibrio. Sólo así evitaremos la acumulación emocional que nos satura y atora.
También podemos aplicar otras vías de “descomprensión emocional”. Reír, para los que somos de reír, es una excelente manera de liberar emociones negativas. El deporte para los que son de deporte, las actividades artísticas o una charrada con un amigo. Estas actividades ayudan a canalizar nuestras emociones. Esas actividades son pequeños soplos de aire fresco que aligeran nuestra mochila emocional para ir descargando peso y hacer la vida muchos más ligera.
Por Loreto Orduna Pérez
Psicóloga sanitaria. Psicóloga infanto juvenil



