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La despoblación y la identidad rural: “Nos estamos quedando cuatro gatos y muy viejos”

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Está claro que a muchos nos interesa luchar para frenar la despoblación. Grandes esfuerzos (y muy variados) se invierten en conseguirlo. ¿Pero qué es la identidad rural y cómo se relaciona con la despoblación?

La identidad es el cómo nos sentimos, qué creemos, cómo actuamos y, también, todo lo contrario. Se construye gracias a la compleja red de interacciones que tenemos en nuestra experiencia de vida, y en nuestro día a día: las personas que conocemos, los libros que leemos, las ideas que compartimos, nuestras costumbres, las situaciones que afrontamos… Lo que somos y lo que no somos (y también lo que fueron nuestros antepasados). Además, la identidad no se otorga, ni se hereda, se aprende socialmente y está en continuo cambio.

El lugar en el que vivimos es parte fundamental de nosotros mismos y, por lo tanto, no pueden ser iguales las identidades que surgen en una gran ciudad, las de ciudades pequeñas o las de los ambientes rurales. Un claro ejemplo de cuán diferentes somos es la vida subterránea del metro en las grandes urbes  con sus propias normas implícitas, no escritas: Colocarse en el lado derecho de las escaleras mecánicas para ceder el izquierdo a quien va con prisa, entrar por los laterales de las puertas dejando el centro para quienes salen… Estas normas nos resultarán desconocidas si nunca hemos viajado en metro y nadie nos las ha contado.

Aprender y aceptar esta forma de vida, lo que nos diferencia de los otros, o lo que nos une, supone tener sentido de pertenencia a un grupo determinado (identidad social). Y  es así como la identidad rural se construye, sumando elementos culturales, productivos, paisajísticos, ambientales, históricos, sociales de nuestro entorno y compartiéndolos entre todos los que vivimos en él. Si vemos y compartimos nuestro mundo de la misma manera, y nos sentimos parte de él, potenciaremos el surgimiento de actitudes positivas que nos favorecerán como grupo (y como individuo, ya que también está estrechamente relacionada con la autoestima). Es decir, veremos nuestro mundo rural con una luz positiva frente a otros mundos y le otorgaremos una posición privilegiada. Por eso hay que cuidar nuestra identidad, potenciarla, y prestar atención a cada uno de sus tres componentes: cognitivo, evaluativo-emocional y conductual, pero esto ya será para otra divagación.

La despoblación es ya una seña de identidad para numerosos territorios, y también lo es esta especie de indefensión aprendida reinante por la que nos creemos incapaces de cambiar el rumbo.  Pero… ¿Seremos capaces de cuidar nuestra identidad rural? ¿Podremos impregnar de ruralidad a quienes vengan detrás?

Por Miriam Julián, psicóloga social

La serie divagaciones de psicología social desde el pueblo nace con la idea de acercar la psicología social a todos los públicos y permitir la reflexión para quienes tengan conocimientos sobre la materia. 


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