El Pirineo, antesala de la Antártida: así se prepara el Ejército para una misión entre hielo, viento y volcanes
El Ejército de Tierra se entrena en Candanchú para su próxima misión en la Antártida, donde 13 militares desplegarán en la isla Decepción para apoyar a científicos en uno de los entornos más extremos del planeta.

El Pirineo aragonés se convierte estos días en el mejor aliado del Ejército de Tierra. En las inmediaciones del Refugio Militar de Candanchú, 11 de los 13 militares que integrarán la próxima Campaña Antártica afinan su preparación para un destino extremo: la isla Decepción, un enclave volcánico en pleno continente blanco donde deberán convivir con temperaturas bajo cero, fuertes vientos y aislamiento.
La escena podría parecer habitual en la montaña —crampones, piolets, cuerdas y maniobras en nieve—, pero el objetivo va mucho más allá. Se trata de la fase de Vida y Movimiento en Montaña, una etapa clave antes del despliegue que tendrá lugar en diciembre en la Base Antártica Española Gabriel de Castilla.
“Estamos preparando el despliegue en una isla volcánica en la Antártida”, resume el comandante Emilio Arias Otero, jefe del contingente, mientras supervisa los ejercicios.
Un equipo pequeño para una misión compleja
El grupo está formado por 13 militares, aunque en esta fase inicial faltan dos de ellos, que regresan de la campaña actual y repetirán misión en puestos considerados críticos. Lejos de ser un equipo improvisado, se trata de un grupo cuidadosamente seleccionado. “Tenemos la suerte de poder elegir entre muchos candidatos, lo que nos permite quedarnos con los mejores”, explica Arias Otero. La selección combina méritos profesionales y entrevistas personales, buscando no solo capacidades técnicas, sino también equilibrio y adaptación.
El resultado es un equipo multidisciplinar en el que conviven especialistas en comunicaciones por satélite, mecánica, navegación, logística, alimentación o sanidad, además de perfiles específicos como el de gestión medioambiental.
Dar servicio a la ciencia en un entorno extremo
La misión del contingente no es militar en sentido convencional. Su papel en la Antártida es garantizar que los científicos puedan desarrollar su trabajo en condiciones de seguridad. “La clave es que estamos allí para dar servicio a la ciencia”, insiste Arias Otero. Eso implica desde transportar a los investigadores hasta zonas remotas, como glaciares, hasta garantizar su seguridad en desplazamientos por terrenos inestables o en navegación por mar.
El coronel José Antonio Sebastián, del cuartel general de la Brigada Logística, subraya la singularidad del escenario: “La Antártida es un laboratorio natural único, prácticamente virgen. Nuestro trabajo es dar apoyo logístico y seguridad para que los científicos puedan centrarse en investigar”.
Más viento que frío
Aunque la Antártida se asocia a temperaturas extremas, la campaña se desarrolla en verano austral, cuando las condiciones son relativamente más suaves. “La temperatura media ronda los cero grados, pero lo más duro es el viento”, señala el comandante.
Aun así, los riesgos son constantes: aislamiento, cambios bruscos de tiempo, desplazamientos sobre hielo o la presencia de un volcán activo en la propia isla Decepción. “Lo normal es que no pase nada, pero estamos preparados para responder a situaciones extremas”, añade.
Candanchú, campo de pruebas
Entre el 23 y el 27 de marzo, Candanchú se convierte en un auténtico laboratorio de entrenamiento. Los militares practican progresión con crampones y piolet, rescates con camilla-trineo, técnicas de rápel o maniobras de seguridad en glaciar. “El Pirineo es un entorno ideal para aclimatarse y entrenar en condiciones similares a las que encontrarán allí”, explica Sebastián.
Esta fase es solo el inicio de un proceso que continuará con el relevo del contingente saliente, formación específica en navegación y la obtención de habilitaciones técnicas para operar en la base.
Casi 40 años de presencia en la Antártida
La misión antártica del Ejército de Tierra es la más longeva de este cuerpo, con presencia ininterrumpida desde finales de los años 80. Fue entonces cuando se instaló el refugio militar Gabriel de Castilla en la isla Decepción, hoy convertido en base científica. Cada campaña dura unos cuatro meses, entre diciembre y marzo, con relevos anuales de personal. A pesar del reducido número de efectivos, solo 13 militares,, su papel es esencial.
Su trabajo garantiza la presencia de España en la Antártida, el apoyo a la investigación científica y el mantenimiento de unas instalaciones clave en uno de los entornos más sensibles del planeta.
Además, la base continúa evolucionando. En los últimos años se ha incorporado un nuevo módulo científico que permitirá mejorar las condiciones de trabajo de los investigadores y ampliar las capacidades de los proyectos que se desarrollan allí.
Una misión discreta pero clave
Lejos del foco mediático, esta operación combina logística, ciencia y resistencia en condiciones límite. Una misión pequeña en número, pero estratégica en alcance. “Es una misión muy relevante. El esfuerzo de estos militares será clave para garantizar la seguridad y facilitar el trabajo de los científicos”, concluye Arias Otero.
Mientras tanto, en el Pirineo, el entrenamiento continúa. Cada maniobra en la nieve acerca un poco más a estos militares a uno de los destinos más extremos del planeta.


