Mucha nieve hoy, incertidumbre mañana: expertos analizan en Jaca su futuro
Jaca se convierte durante esta semana en el epicentro internacional del debate científico sobre la nieve, su evolución futura y los retos que plantea el cambio climático para la gestión del agua en las montañas.

El Palacio de Congresos de Jaca acoge del 2 al 6 de febrero el congreso internacional Snow Hydrology 2026, un foro de referencia dedicado al estudio de la hidrología de la nieve y su papel fundamental en los ecosistemas de montaña y los recursos hídricos. El encuentro, que se celebra por primera vez en España, reúne a más de 150 investigadores procedentes de más de 20 países, entre ellos Canadá, España, Francia, Italia, Australia, Japón, Estados Unidos, Suiza, Chile, Polonia o Austria.
La cita está organizada por el grupo de investigación CryoPyr del Instituto Pirenaico de Ecología (IPE-CSIC), con sede en Jaca, que ejerce como anfitrión de esta quinta edición de un congreso de carácter bianual, celebrado anteriormente en ciudades como Bolzano o Grenoble, además de Alemania, y con una edición virtual durante la pandemia.
Jesús Revuelto, investigador del IPE y miembro del grupo organizador, explica que el congreso tiene como objetivo “poner en común los avances que se están realizando en distintas zonas de montaña del mundo sobre la nieve, desde su observación y simulación hasta su gestión, siempre con un enfoque muy ligado a la hidrología y al agua como recurso”.
Uno de los ejes del encuentro es el análisis de la climatología de la nieve y su evolución en un contexto de cambio climático. Revuelto señala que, aunque existen presentaciones centradas en las tendencias pasadas y se abordará esta semana la climatología de la nieve, las líneas generales que marca la ciencia son claras: “Vamos hacia un escenario de mayores temperaturas, lo que no favorece la persistencia ni la acumulación de nieve en ninguna cordillera del mundo”.
Variabilidad
En el caso de los Pirineos, el investigador subraya la gran variabilidad de los inviernos. “Tenemos años con muy poca nieve, como el pasado o el anterior, en los que la nieve tardó mucho en llegar, y otros como este invierno, con acumulaciones muy por encima de la media”, explica. Esta variabilidad, añade, dificulta la interpretación de tendencias claras y a este respecto, apunta que “las series de datos suelen ser de 30 o 40 años en el mejor de los casos, y con esa variabilidad no es sencillo identificar tendencias sin ventanas de tiempo muy amplias”.
Aun así, si se observa la evolución global desde que existen registros, la señal es evidente. “Lo que sí estamos viendo es una disminución de la persistencia de la nieve en las montañas”, apunta Revuelto. De cara al futuro, la principal certeza de los escenarios climáticos es el aumento de temperaturas, mientras que la evolución de la precipitación presenta una elevada incertidumbre. “No sabemos si tendremos más o menos precipitación, pero en un escenario más cálido lo que tendremos, por desgracia, es menos nieve”, afirma.
Uno de los impactos más relevantes se producirá en la gestión del agua. “Lo que va a ocurrir es que se adelantará la fecha de fusión. El pico de deshielo, que tradicionalmente se situaba en abril o mayo, podría desplazarse a marzo o incluso febrero, lo que afecta directamente a la gestión de embalses y a la irrigación de los cultivos”, advierte el investigador. En este contexto, los inviernos con grandes acumulaciones, como el actual, podrían ser cada vez más puntuales.
Revuelto insiste en que la nieve no desaparecerá, pero sí cambiará su comportamiento. “Podemos tener inicios de invierno más tardíos y finales más tempranos, con sucesiones de inviernos muy negativos. La gestión tendrá que ser diferente a la que estábamos acostumbrados”, explica.
El congreso sirve también para presentar nuevas herramientas y metodologías que permitan reducir la incertidumbre. Entre ellas, técnicas experimentales como la medición de la gravedad para estimar cuánta agua se acumula en zonas de montaña. “Son avances que hoy aún no se pueden aplicar de forma generalizada, pero que en cinco, diez o quince años nos permitirán estimar mejor la disponibilidad de agua, tanto en escenarios de poca nieve como de mucha”, concluye.






