Manos Unidas Jaca: «Declarar la guerra al hambre es la única batalla justa”
La campaña para este 2026, presentada en la Ciudadela de Jaca, se centra en la protección integral de menores indígenas del Chaco Paraguayo y beneficiará de forma directa a 94 personas y de manera indirecta a 357, en un acto que contó con representantes eclesiásticos, institucionales y testimonios misioneros.

La delegación de Manos Unidas en Jaca ha presentado este miércoles su campaña anual bajo el lema ‘Declara la guerra al hambre’, en un acto celebrado en la Ciudadela de Jaca. La presentación contó con la presencia de Monseñor Pedro Aguado Cuesta, obispo de las diócesis de Jaca y Huesca, la presidenta-delegada de Manos Unidas en Jaca, María José Piñeiro Sánchez, y el alcalde de Jaca, Carlos Serrano, además de numerosos asistentes comprometidos con la causa solidaria.
El proyecto que centrará la campaña de este año se desarrollará en la ruta bioceánica del Paraguay, en la región del Chaco Paraguayo, y tiene como objetivo la protección integral de niñas, niños y adolescentes indígenas. La intervención beneficiará de forma directa a 94 personas y de manera indirecta a 357, con un presupuesto total de 46.342 euros.
Entre las acciones previstas se encuentran el fortalecimiento de las capacidades de la población local, la puesta en marcha de dos emprendimientos productivos y la creación de un programa de formación en oficios dirigido a 20 jóvenes, con el fin de mejorar sus oportunidades de futuro y favorecer un desarrollo sostenible en la comunidad.
Paz
Durante su intervención, María José Piñeiro subrayó que la campaña de este año pone el foco en la relación entre hambre, pobreza, violencia y falta de paz. “La paz no es solo la ausencia de guerra; es poder vivir sin miedo, que un niño pueda ir a la escuela, que una madre tenga alimento para sus hijos y que una familia pueda trabajar y construir un proyecto de vida”, señaló.
Piñeiro recordó que millones de personas en el mundo siguen privadas de esa paz básica y defendió que “la verdadera lucha no se libra con armas, sino con recursos, solidaridad y alimentos”. En este sentido, explicó el simbolismo de la campaña, que recupera la cuchara como emblema universal y pacífico, “una herramienta cotidiana capaz de alimentar la paz y hacer frente a esta batalla que no da tregua”.
La presidenta de Manos Unidas aportó también algunos datos que ilustran la gravedad de la situación: más de 52 millones de niños y niñas de países afectados por conflictos no están escolarizados; 455 millones de menores viven en países en guerra o en contextos de extrema fragilidad; y cuatro de las diez mayores crisis alimentarias actuales, como las de Sudán, Gaza, Haití o la República Centroafricana, tienen su origen principal en los conflictos armados. “Hoy hay más de 59 guerras activas en el mundo. Quizá no podamos detenerlas, pero sí podemos aliviar su peor consecuencia: el hambre”, afirmó.
El acto contó también con el testimonio de María Dolores Pérez Carrasquilla, misionera y enfermera, que compartió su experiencia tras 35 años de trabajo en Zimbabue, aportando una visión directa y humana de las consecuencias del hambre y la pobreza en contextos de conflicto.
La campaña concluyó con una llamada a la participación y al compromiso colectivo. “Declarar la guerra al hambre no es una intención, es una decisión. Es la única batalla justa”, remarcó Piñeiro, animando a la ciudadanía a sumarse a una iniciativa que apuesta por la justicia social, el desarrollo y la paz duradera.












