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La DGA inicia el proceso para declarar el monasterio de las Benedictinas de Jaca Bien Catalogado

La solicitud, motivada por el riesgo de deterioro o expolio tras la reciente marcha de la comunidad benedictina, ha desembocado en la apertura del procedimiento para declarar el conjunto Bien Catalogado del Patrimonio Cultural Aragonés.

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La Dirección General de Patrimonio Cultural del Gobierno de Aragón ha iniciado el procedimiento para la declaración del Monasterio de Santa Cruz en Jaca como Bien Catalogado del Patrimonio Cultural Aragonés. Un proceso que nace de la petición formulada por la Asociación Sancho Ramírez ante el riesgo de deterioro o expolio tras la reciente marcha de la comunidad benedictina del monasterio.

La iniciativa partió de la citada asociación y cuenta con la adhesión de Hispania Nostra, la Asociación de Amigos del Serrablo, la Asociación de Acción Pública para la Defensa del Patrimonio Aragonés (APUDEPA), la Asociación Amigos del Románico y la Real Hermandad de San Juan de la Peña. Los informes técnicos de Patrimonio Cultural consideran oportuno incoar el expediente por la importancia histórica del monasterio en la ciudad, su enclave urbano, el buen estado de conservación de edificios y bienes muebles, la calidad de algunos de ellos, el valor de su archivo documental y su estrecho vínculo con la comunidad religiosa.

Despedida de las monjas

La apertura del expediente llega meses después de la despedida de las monjas benedictinas, que el 26 de abril de 2025 celebraron una emotiva eucaristía en la iglesia del monasterio para poner fin a cinco siglos de presencia en Jaca. La comunidad, integrada por siete religiosas, en su mayoría de avanzada edad y con problemas de salud, decidió trasladarse al monasterio benedictino de Alba de Tormes (Salamanca). Desde entonces, en la capital jacetana se había instalado la incertidumbre sobre el futuro de este emblemático conjunto, levantado en el siglo XVI sobre los restos del antiguo palacio de los reyes de Aragón.

El monasterio tiene su origen en 1555, cuando las benedictinas de Santa Cruz de la Serós se trasladaron a Jaca en cumplimiento de los edictos tridentinos que obligaban a las órdenes femeninas a establecerse en entornos urbanos. Se asentaron en la iglesia románica de San Ginés y terrenos anexos, junto a la puerta oriental de la muralla. Desde entonces, su presencia ha sido relevante en la vida religiosa y social de la ciudad.

El conjunto se articula en torno a la conocida “plazuela de las Monjas”. En su lado este se sitúa la iglesia, con cripta subterránea y torre; al sur, el claustro y las dependencias monásticas; al oeste, el edificio destinado a hospedería y residencia —posteriormente ampliado con un centro escolar—, y al norte, la apertura hacia la calle Mayor. Completan el enclave la huerta y un destacado tramo de la muralla medieval, uno de los pocos vestigios conservados del recinto iniciado en tiempos de Sancho Ramírez y derribado en gran parte a partir de 1915.

La iglesia, transformada a finales del siglo XVI y profundamente reformada entre 1730 y 1745, consta de una nave única de cuatro tramos, amplio presbiterio y ábside semicircular, con capillas laterales y bóvedas de lunetos. Conserva tres accesos diferenciados para fieles y comunidad religiosa.

Entre los bienes muebles incluidos en la declaración figura el sarcófago de doña Sancha —declarado Bien de Interés Cultural en 2014— junto a cerca de un centenar de piezas entre tallas, pinturas, esculturas, estelas funerarias y mobiliario litúrgico, además de un relevante archivo documental. Desde 2013 se exponen también en el conjunto las pinturas murales del siglo XIII procedentes de la cripta y otros elementos de gran valor histórico.

Con la incoación del expediente, el monasterio inicia un proceso que busca garantizar su protección legal y preservar un enclave clave del patrimonio jacetano, cuyo futuro había generado preocupación tras la marcha de la comunidad que lo habitó durante casi cinco siglos.


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