Desalojados por el incendio: “Nos están tratando muy bien, pero queremos volver”
El polideportivo Monte Oroel ha acogido a vecinos de ocho localidades desalojadas. De las 440 personas evacuadas, 13 permanecen en Jaca, en la Escuela Militar de Montaña.

“Estamos todos esperando a ver qué va a pasar”. Esa es la sensación que se repite entre los vecinos evacuados por el incendio de Las Peñas de Riglos que permanecen en Jaca. El fuego ha obligado a abandonar sus hogares a 440 personas de ocho localidades y, mientras los equipos de extinción continúan trabajando para contener las llamas, los evacuados aguardan noticias que les permitan regresar a sus pueblos.
El polideportivo Monte Oroel de Jaca se ha convertido en uno de los principales puntos de acogida. Allí han permanecido hasta este martes por la tarde 19 personas, mientras que otras dos han sido trasladadas a una residencia. Pero ya por la tarde, han sido trasladados a la Escuela Militar de Montaña un total de 13 de personas. En Ayerbe permanecen otras seis personas: dos en una residencia y cuatro en un piso ofrecido por el Ayuntamiento. La mayor parte de los desalojados ha podido alojarse con familiares o en otros recursos.
El reparto de las 440 personas evacuadas es el siguiente: 30 procedentes de Villalangua, 30 de Salinas de Jaca, 40 de Ena, 40 de Centenero, 13 de Arbués, 26 de Alastuey, 150 de Bailo y 111 de Larués.
“Todos tenemos ganas de subir al pueblo”
Entre quienes esperan en Jaca está Rosario Castán, vecina de Ena, que recuerda cómo se produjo el desalojo. “Ayer, cuando vimos el fuego, ya subió la Guardia Civil y, cuando vieron que las cosas estaban bastante mal, ya nos dijeron que desalojáramos”, explica.
La alerta también llegó a los teléfonos móviles de los vecinos. En Ena, según relata, había numerosas personas, incluidos niños, cuando recibieron la orden de abandonar el pueblo. “La noche ha sido un poquito de nervios y todo, pero ahora estamos esperando a ver qué va a pasar”, cuenta Rosario. Su deseo es el mismo que el de muchos de sus vecinos: regresar cuanto antes. “Todos tenemos ganas de subir al pueblo”, asegura.
Rosario recuerda que inicialmente lo que más llamó la atención fue el humo. Escuchaba los helicópteros y, al asomarse, vio cómo una nube de humo se aproximaba. “Fue angustioso”, reconoce sobre el momento de la evacuación.
Salió de Ena acompañada de sus vecinos y también pudo llevarse consigo a su perro. Ya en Jaca, destaca la atención recibida: “Nos han atendido estupendamente. Nos ofrecieron cena, café con leche, fruta… En eso no hay ningún problema. Todo bien”.
Pero también reclama medidas de prevención para el futuro. “Me gustaría que el Gobierno de Aragón utilizase el dinero que hay en limpiar los montes y hacer cortafuegos”, señala. “Está seco, seco”, advierte.
“Nos dijeron que había que salir y todo el mundo fuera”
También permanece en Jaca Antonio Ruiz Sanclemente, vecino de Centenero. Para él, el desalojo fue algo inesperado pese a que ya eran conscientes de la gravedad de la situación. “Un poco de imprevisto. Ya lo veíamos que el tema estaba bastante peliagudo, pero no nos pensábamos que nos iban a desalojar”, explica.
La Guardia Civil llegó al pueblo alrededor de las cinco de la tarde y dio la orden de abandonar las viviendas. Desde Centenero se veía una gran cantidad de humo. “El sol incluso se oscureció”, recuerda.
La noche en el polideportivo ha sido complicada, aunque Antonio asegura que hay que adaptarse a las circunstancias. “Se ha pasado como se puede pasar en un caso de estos, pero hay que adaptarse a lo que hay”.
Lo que más pesa ahora es la espera. “Estamos preocupados, pero sobre todo esperando a ver que nos den buenas noticias para marchar. Para volver, con ganas de volver”, reconoce. Antonio había llegado a Centenero apenas dos días antes para pasar unos días de vacaciones. Ahora espera poder regresar a su casa.
La angustia de abandonar una casa
Una situación especialmente complicada han vivido los vecinos de Arbués, que inicialmente recibieron instrucciones para estar preparados para una posible evacuación, pero finalmente pudieron pasar la noche en sus casas. Ana Laín, conocida en el pueblo como Anita de Arbués, explica que durante la noche recibieron el mensaje de que podían permanecer en sus viviendas. Por la mañana, sin embargo, la situación cambió rápidamente.
“Nos hemos levantado por la mañana y estaba todo despejado, entonces lo primero que hemos pensado ha sido que iba todo fenomenal”, relata. Pero poco después recibieron un mensaje en el grupo del pueblo alertando de la evolución del incendio. El humo comenzó a aumentar rápidamente y finalmente tuvieron que abandonar Arbués. “Hemos sido los últimos que nos hemos ido del pueblo y estaba entrando en el pueblo, casi no se podía ni respirar”, explica.
La evacuación, reconoce, tiene también una fuerte carga emocional. “Siempre lo ves por la tele y nunca piensas que te va a tocar a ti”, señala. Ana abandonó el pueblo junto a su hijo. “Era como decir: ‘No me quiero ir’. Está aquí mi casa, la de mi padre, la de mi familia…”, explica.
En Arbués, además, la población ha recibido numerosas muestras de solidaridad de vecinos de otras localidades. “La solidaridad es algo que te deja”, asegura.
Cruz Roja
La atención a los evacuados no se limita al alojamiento. El dispositivo desplegado en Jaca incluye también apoyo psicosocial de Cruz Roja, que está acompañando a las personas afectadas durante las horas de espera.
María Eugenia Trujillo, responsable autonómica del equipo psicosocial de emergencias de Cruz Roja, explica que el dispositivo se adapta continuamente a la evolución de la emergencia y al número de personas evacuadas.
Durante la primera noche, 11 personas permanecieron en el polideportivo, mientras que otras con necesidades especiales -personas mayores o familias con niños que requerían una atención específica- fueron trasladadas a espacios más íntimos o residencias.
“Hay gente de todo tipo”, explica Trujillo, desde personas de poco más de 30 años hasta mayores de más de 70. También hay vecinos que tienen segundas residencias o turistas.
Uno de los principales trabajos del equipo psicosocial es acompañar a los evacuados durante la espera. “Los seres humanos manejamos mal la incertidumbre”, explica.
La primera noche, muchos de ellos no querían irse a dormir porque permanecían pendientes de la evolución del incendio y de las noticias que pudieran llegar desde sus pueblos. El equipo permaneció con ellos hasta aproximadamente las dos de la madrugada.
“Dentro de lo que cabe están lo más tranquilos posibles, pero con esa incertidumbre, el miedo, las ganas de volver a casa”, concluye.
La solidaridad de los más pequeños
Como gesto de apoyo y solidaridad, los niños y niñas de la Escuela de Verano del Colegio Monte Oroel han realizado este martes por la mañana varios dibujos para hacérselos llegar a las personas evacuadas. Los pequeños han podido entrar al polideportivo Monte Oroel para entregar personalmente sus dibujos a los vecinos desalojados y dedicarles un aplauso, en un emotivo gesto de cariño y apoyo en estos momentos de incertidumbre.



