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Ansó se viste de tradición para celebrar su gran día: color, memoria y orgullo en el Día del Traje Ansotano

El recuerdo a los afectados por el incendio de las Peñas de Riglos ha estado presente este domingo en la celebración.

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Hay días en los que un pueblo parece viajar atrás en el tiempo. Ansó lo ha hecho este domingo. Desde primera hora de la mañana, sus calles se han llenado de color, de trajes cuidadosamente preparados durante meses, de música y de escenas que recuperan la vida cotidiana de generaciones anteriores. Es el Día del Traje Ansotano, una celebración que alcanza este año su LV edición y que vuelve a convertir a esta localidad del Pirineo en un auténtico escaparate de tradición, identidad y cultura popular.

El ambiente se respira desde bien temprano. El ropero permanece abierto desde muy temprano y se convierte en uno de los primeros puntos de encuentro de la jornada. Allí, algunos de los participantes ultiman su preparación antes de salir a las calles, en una mañana en la que vestirse de ansotano es casi un ritual compartido por familias y generaciones.

Y mientras los últimos detalles se ajustan, Ansó va transformándose. Las calles acogen recreaciones de escenas típicas de la vida de antaño: una antigua escuela, una casa tradicional y diferentes espacios que permiten al visitante acercarse a cómo era el día a día en el valle. No se trata únicamente de contemplar los trajes, sino de sumergirse en una forma de vida que forma parte de la memoria colectiva de Ansó.

Entre las escenas más llamativas se encuentra también el momento en que algunas mujeres terminan de vestirse y de peinarse. El tradicional peinado de ‘churros’ requiere tiempo y habilidad: el cabello se divide con raya en medio y se enrolla sobre unos postizos cilíndricos alargados que permiten darle volumen. El peinado se completa con cintas, rojas en las jornadas festivas -que pueden alcanzar los ocho metros de longitud- y negras cuando se utilizaban como señal de luto o en el día a día.

Un traje para cada momento de la vida

El traje ansotano es el gran protagonista de la jornada. De origen medieval, destaca por sus robustas y coloridas telas, la riqueza de sus motivos y detalles decorativos y, especialmente, por la extraordinaria variedad de modelos, concebidos en función de la edad, el estado civil o el momento vital de quien los vestía.

A lo largo del día pueden contemplarse más de una decena de variantes. Los trajes de bautismo, periquillo, cofradía, saya o de novios son algunos de los que vuelven a recorrer las calles de Ansó, mostrando la diversidad de una indumentaria que servía para identificar las diferentes etapas y circunstancias de la vida.

Para quienes participan, ponerse el traje no es una simple cuestión estética. Es una manera de mantener viva una tradición familiar.

«Ansó vuelve a latir con fuerza»

La alcaldesa de Ansó, Blanca Alfonso, ha destacado durante la jornada el significado que tiene esta celebración para el municipio. «Cada último domingo de agosto, nuestro pueblo se convierte en un lugar donde el tiempo parece detenerse, donde nuestras calles se llenan de historia, de orgullo y de una belleza que no necesita adornos», ha señalado al inicio de la celebración.

Alfonso ha reivindicado el traje ansotano como mucho más que una indumentaria. «No es solo una prenda. Es memoria, es identidad, es el hilo que une a generaciones enteras», ha afirmado. Cada puntada, cada color y cada detalle, ha explicado, cuenta algo de las familias, de la forma de vivir y de la fuerza de un pueblo que ha sabido conservar aquello que lo hace único.

La alcaldesa ha recordado además que este año la celebración llega después de un verano especialmente complicado por los incendios de las Peñas y de Urzainqui. Ha querido agradecer el trabajo de los equipos de extinción, los voluntarios y los vecinos que colaboraron durante aquellos días. «Ansó es fuerte porque su gente lo es», ha destacado.

En este contexto, Alfonso ha defendido la necesidad de mantener un pueblo vivo, capaz de honrar su pasado pero también de trabajar por su presente y su futuro. «No queremos ser solo un lugar que se recuerda: queremos ser un lugar que se vive, que se disfruta, que se construye entre todos», ha señalado.

Música, teatro y tradición en las calles

La música es otro de los elementos imprescindibles de esta jornada. La nota musical la ponen Los Músicos de La Solana y el grupo folclórico Alto Aragón, acompañando el ambiente festivo y las diferentes actividades que se desarrollan durante el día.

Antes del comienzo de la presentación de los trajes ansotanos se ha entregado además el galardón al Grupo de Teatro Dingolondango, en reconocimiento a su contribución a la conservación y difusión de la cultura del valle.

La alcaldesa ha destacado, al hacer entrega de la distinción, su labor «por mantener viva nuestra cultura, por poner en valor nuestro dialecto y por llevar a escena las raíces y tradiciones del valle, siempre desde un presente que respira autenticidad y actualidad».

«Conseguís que la cultura sea algo vivo, que se impulsa en el pasado para evolucionar hoy, y que nos regala siempre una gran sonrisa, cuando no una buena carcajada», ha añadido, antes de agradecer al grupo ser «parte esencial de lo que somos».

Tras la entrega del galardón ha comenzado en la plaza Domingo Miral la presentación de los diferentes trajes ansotanos, uno de los momentos centrales de la jornada.

Una fiesta que mantiene viva la memoria

Declarado de Interés Turístico Nacional, el Día del Traje Típico Ansotano se celebra cada último domingo de agosto y reúne desde hace más de medio siglo a vecinos y visitantes en torno a una de las muestras de indumentaria tradicional más singulares de Aragón.

Más de un centenar de ansotanos y ansotanas se visten de gala para recuperar por un día las formas de vestir, las costumbres, los oficios y las escenas de la vida cotidiana de sus antepasados.

El resultado es una jornada en la que Ansó no se limita a mostrar su patrimonio, sino que lo vive. Las calles se convierten en un escenario abierto, las casas y rincones recuperan antiguas estampas, las familias transmiten los conocimientos de generación en generación y los trajes vuelven a tener el protagonismo que tuvieron durante siglos.

 


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