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‘Las gratitudes’, de Delphine de Vigan

Cuando se anuncia una novedad de la autora francesa Delphine de Vigan uno sabe que no va a poder dejar de leerla, aunque con seguridad también sabe que se va a sentir perturbado por su trabajo que nunca te deja indiferente. Y  habría que decir que el original francés salió antes del inicio de la pandemia, pero leer ‘Las Gratitudes’ en España en estos momentos es una doble carga de profundidad.

Generalmente no somos conscientes de lo importante que es saber dar las gracias, dar las gracias no como hábito o rutina. Como nos dirá la autora nadie nos avisa de que se acaba el tiempo, por lo que hay que expresar las gracias, no dejar para luego una muestra de cariño y afecto, o pensamientos que no se expresan en su momento, porque inexorablemente caminamos a un final inapelable.

Michka Seld es ingresada en una residencia para dependientes y ahí sentirá el cariño de Marie, la niña vecina, ya mujer,  que está en deuda de gratitud con ella. Y de Jerôme, un profesional logopeda que se involucra en conseguir que Michka salde la deuda pendiente con sus padres de acogida.

Pero uno de los aspectos más impactantes de este libro es el terrible drama de la pérdida del lenguaje, de los recuerdos, de la posibilidad de comunicarse, del deterioro que esto supone en los viejos, como quiere Michka que la llamen. Llega a decir que las palabras huyen o se escapan de sus sueños.

En la página 129 nos dirá la autora “envejecer es aprender a perder” y con un estilo sencillo, sin artificios, austero pero directo al corazón, nos hace conscientes de la soledad, del poder del lenguaje como vínculo con los demás, de comprensión y trasmisión de sentimientos, como algo terapéutico, pero que vamos perdiendo.

Y para cumplir con el titulo del libro tengo que agradecer a Nieves Ibeas me descubriera a esta autora. Cualquiera de sus obras anteriores como ‘Basada en hechos reales’, ‘Nada se opone a la noche’, ‘Las lealtades’, etc, son todo un placer literario aunque no dejen de ser perturbadoras.

Finalmente reconocer a Pablo Martín Sánchez su trabajo de traducción. Ha tenido que ser un ejercicio difícil, aunque sumamente creativo y gratificante, supongo.

 

Pedro Pérez

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