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El único vino de altura de España está en Barbenuta

Pilar en las viñas de Barbenuta

Las viñas más altas de la península ibérica y con clima extremo están en un pequeño pueblo del valle de Tena, en Barbenuta, a más de 1.300 metros. Estos condicionantes propician que el vino que elaboran los enólogos Ernest Guasch y Pilar Gracia sea más equilibrado, porque con el cambio climático y al subir en altitud, el producto gana en frescor, en acidez y pierde grado alcohólico. De este proyecto sale el ‘Vino de las Nieves’, que este año va a por su segunda cosecha a la venta. Esta joven pareja decidió asentarse en Barbenuta para llevar a cabo su gran proyecto, y son prácticamente los únicos que viven en este pequeño pueblo durante todo el año, junto a sus dos hijos de 5 años y 18 meses. Otros vecinos, la mayoría mayores, al llegar el frío invierno, se van a otros lugares a pasar esta época, como Sabiñánigo o Monzón.

Ernest y Pilar creyeron en un sueño, que iniciaron en el año 2011, y ahora comienzan a ver los frutos de un trabajo tenaz y duro en muchas ocasiones, ya que son ellos dos solos los que llevan adelante las bodegas Bal Minuta. Establecerse en Barbenuta no fue casualidad. De ahí es la abuela de Pilar. Comenzaron su proyecto en el valle de Arán, con la plantación en 2011 de 375 cepas y paralelamente realizaron muestreos en los terrenos que tienen en Barbenuta. «Hicimos un estudio de los suelos y recopilamos datos del clima de los últimos 30 años, y con eso, en 2012, realizamos la primera plantación, con pocas cepas ya que era experimental», recuerda Pilar.

Vieron que se adaptaban al terreno y en 2013 llegó el resto de la plantación. Ahora cuentan con más de 6.000 plantas en tres campos de Barbenuta. «Estábamos convencidos  de que el proyecto funcionaría bien, y las plantas en una zona más fresca darían un carácter a la uva diferente a lo que estamos acostumbrados en el resto del país», asegura Pilar. Pero en Barbenuta nunca había habido viñas «y algunos vecinos mayores nos dijeron que no crecerían, por eso al principio nos surgieron muchas dudas».

Cultivo en zonas frías

Foto: bodegas Balminuta

Y es que el cultivo de viñas en alta montaña es complicado, porque se añaden condicionantes que no hay en otras zonas: hay animales, por lo que hay que vigilar los campos e instalar vallados, hay mayor peligro de ‘pedregadas’ (granizo), por lo que también tuvieron que instalar mallas antigranizo. Al ser una zona fría, tuvieron que elegir muy bien las variedades para que madure bien la uva, ya que el ciclo es más corto. «Las uvas llegan a madurar, pero hay veces que vamos más justos», señala Pilar. El hecho de que se encuentren en una zona fría, a la planta no le afecta «porque en invierno la planta está en reposo invernal, es decir, está paralizada, con lo cual hasta menos 15 grados que pudieran llegar las raíces, la planta no moriría». Y que suceda eso en Barbenuta es un poco difícil, porque también hay nieve, que protege las raíces. El único problema que hay en la zona, pero que también sucede en el resto del país o en zonas más cálidas es que caiga una helada primaveral. «Eso sí que es un problema porque afecta a la producción de ese año», explica Pilar. Precisamente este año hubo una helada generalizada en todo el país «y se vieron afectadas todas las denominaciones de origen, y nosotros también porque era el 30 de abril y estuvimos a menos 5 grados». La planta ya había pasado el reposo invernal, había empezado a brotar y la helada mató esos brotes, lo que afectó al desarrollo de la uva y a la producción en general.

Pero pese a estos contratiempos, las cepas responden, la producción va dando sus frutos y el año pasado obtuvieron la primera cosecha que pudieron sacar a la venta. El año anterior elaboraron los primeros vinos «pero fueron para casa, sin venderlos». Respecto a las variedades, tienen de vino blanco Chardonnay, Riesaling y Gewürtztraminer y de tinto Pinot Noir y Cabernet Franc`, que elaboran en el viviero de empresas de Adecuara, situado en Biescas. También cuentan con variedades experimentales suizas y alemanas, plantadas en pequeña proporción, «porque nos gusta probar y ver lo que sale para en un futuro plantar más». De la misma manera hay recuperado cepas autóctonas. «Los abuelos que han vivido aquí toda la vida nos dicen que hay una parra que siempre han visto, entonces vamos cogemos madera, la injertamos en vivero en un pie americano y las tenemos plantadas en el campo». Luego realizan un seguimiento para ver de qué variedad se trata «y podría ser que fuera una variedad desconocida, sólo de aquí». Ahora mismo hay una variedad que es «totalmente desconocida para nosotros», Porque la hoja y la uva es diferente puede que se trate de una variedad autóctona, de la montaña. Y si fuera así, sería un bombazo», asegura Pilar.

Pocos vecinos, pero unidos

Barbenuta es un pueblo pequeño, de alta montaña, y los vecinos más mayores aprovechan la llegada del invierno para irse con sus familias «y así ahorrar en leña». Ascensión Hernández y Miguel Pardo, son un ejemplo. Viven en Casa Rufo, que compraron hace 37 años. Miguel es de Ainelle (deshabitado) y Ascensión de Monzón. Por ello, desde abril a noviembre están en Barbenuta y para el invierno se van a Monzón. En Barbenuta «tenemos huerto, vamos a andar por la mañana y por la tarde, vamos a ver a Pilar y a Ernest, y así pasamos los días», añade Ascensión. Pero como dice Pilar «cuando estamos más gente, nos gusta juntarnos a comer y hacemos juergas». Precisamente para el día de la fiesta, el 6 de agosto en honor a San Justo y Pastor, se juntan más de 200 personas.

El Parlamento de Barbenuta: la antigua escuela y el centro social cobraron vida tras su rehabilitación

Después de más de medio siglo, los pupitres de la escuela de Barbenuta volvieron a contar con antiguos vecinos, hijos y descendientes de la población, que han apostado desde hace unos años por rehabilitar sus casas. El impulso definitivo llegó con la mejora del acceso y después con la inauguración del centro social y cultural, después de una rehabilitación integral llevaba a cado por la DPH y ayuntamiento de Biescas.

Miguel en la rehabilitada escuela de Barbenuta

El Parlamento de Barbenuta, como lo denominan sus vecinos, preside orgulloso la plaza y en su interior cuentan con un local social con mesas, cocina y baños en la planta baja, y en la superior se encuentra la escuela, con sus antiguos pupitres de madera, la pizarra e incluso los cuadernos de la época sobre los pupitres. En sus paredes cuelgan ahora fotos de alumnos y maestros de la época. Construido a comienzos del siglo XX, el inmueble estuvo destinado a escuela y casa del maestro hasta que en el año 65 cayó en desuso como consecuencia de la despoblación que se produjo hace unos 50 años por las precarias condiciones de la vida agrícola y ganadera.

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